domingo, 30 de diciembre de 2018

Una obra de teatro

En estos últimos meses se han presentado noticias en primera plana sobre: Corrupción, violencia intrafamiliar, etc. El caminar sobre el propio estiércol  de un populismo y demagogia para un proceso electoral.
Palabras fuertes que rechinan a los oídos, pero es la realidad, que se  quiere tapar con obras de teatro, actuando con actores reales de la política, que reciben el mandato del pueblo para administrar y gobernar en un bien colectivo. Pero el libreto teatral  se extiende a fingir, una realidad,  el cobro de un diezmo, el impuesto informal
Es la vivencia del pueblo, de experimentar a la clase política como las escenas de una obra de  teatro, de un escalafón de educación sin conceptos.  Donde muere el arte y la cultura, el desdén de la democracia frente al desarrollo del pueblo.
La educación se cercena con la tecnología de consumo, de alimentar el  ego, a no ser críticos, pero sí de autoritarismo, difamar la verdad de la verdad para nuevas obras de teatro, con libretos de ser salvadores, como el mismo Dios.
Ambivalencias políticas, ambivalencias democráticas que se unen con fetichismos, donde el pueblo en su ignorancia de una educación pragmática, entrega el poder a un movimiento político. Se fomenta el discurso  del poder. “llegaremos hasta las últimas consecuencias, la corrupción es nuestro enemigo”. La nueva obra teatral en los escenarios de  los altillos de la democracia.
Es nuestra realidad, podamos despertar del revanchismo político. Podamos aportar Tú y Yo, aprendiendo amar. Dar cabida a la sabiduría para decisiones correctas, sin el menosprecio social.
Mirar el norte, basado en el conocimiento de la unidad, que la clase política deje de hacer obras de teatro, apunte al crecimiento y desarrollo

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