En estos últimos meses se han
presentado noticias en primera plana sobre: Corrupción, violencia
intrafamiliar, etc. El caminar sobre el propio estiércol de un populismo y demagogia para un proceso
electoral.
Palabras fuertes que rechinan a
los oídos, pero es la realidad, que se quiere tapar con obras de teatro, actuando con
actores reales de la política, que reciben el mandato del pueblo para
administrar y gobernar en un bien colectivo. Pero el libreto teatral se extiende a fingir, una realidad, el cobro de un diezmo, el impuesto informal
Es la vivencia del pueblo, de
experimentar a la clase política como las escenas de una obra de teatro, de un escalafón de educación sin
conceptos. Donde muere el arte y la
cultura, el desdén de la democracia frente al desarrollo del pueblo.
La educación se cercena con la
tecnología de consumo, de alimentar el
ego, a no ser críticos, pero sí de autoritarismo, difamar la verdad de
la verdad para nuevas obras de teatro, con libretos de ser salvadores, como el
mismo Dios.
Ambivalencias políticas,
ambivalencias democráticas que se unen con fetichismos, donde el pueblo en su
ignorancia de una educación pragmática, entrega el poder a un movimiento
político. Se fomenta el discurso del
poder. “llegaremos hasta las últimas consecuencias, la corrupción es nuestro
enemigo”. La nueva obra teatral en los escenarios de los altillos de la democracia.
Es nuestra realidad, podamos
despertar del revanchismo político. Podamos aportar Tú y Yo, aprendiendo amar. Dar
cabida a la sabiduría para decisiones correctas, sin el menosprecio social.
Mirar el norte, basado en el conocimiento de la
unidad, que la clase política deje de hacer obras de teatro, apunte al
crecimiento y desarrollo
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