Reconocer que el hombre es ciego
el momento de tomar decisiones, implica
que no puede ver la historia de sí mismo, la historia del pueblo, desde
la época Republicana hasta el presente, de vivir las guerras internas, del
regionalismo, entre la Sierra y Costa.
De vivir la traición, por el
poder político, económico y social, que
se han producido a consecuencias de ser un pueblo cubierto de una cultura de
consumo, una cultura de odio y una cultura de temor.
De saciar una gula de afectos,
poder, y pan, con la ayuda del marketing, de crear una necesidad innecesaria. La
escasez de este consumo, nace el
odio, de culpar al otro con el beso de
Judas, el remordimiento profundo, temor
a las consecuencias de la muerta óntica del ser.
La noticia de la semana fue el
gran escape del ex secretario de Comunicación, se esfumo al toque de salvas y
dianas, al toque del miedo de perder el poder, con el odio de su propia verdad,
el miedo de la traición, del amigo del ayer en la opulencia del caviar, a vivir
en la penumbra del ocaso de la vejez, la
soledad de sí mismo con la tecnología de
punta.
Que tristeza del hombre que
siempre está buscando el gran escape, la planeación de la razón, de pensar,
borrar, volver a pensar. La locura de vivir para sí mismo, destruyendo el
entorno familiar, muriéndose de sed junto a la fuente de agua.
Hay una verdad, la fuente de agua
viva, saber AMAR, ser como niños, reconocer que existe Dios, que puedo
gritarle. La decisión está en uno. Dejo la ceguera de seguir planificando todos los días, el gran escape, o sigo con el odio, de culpar al otro por el fracaso. Tú decides.
No hay comentarios:
Publicar un comentario