El pan se comerá con el sudor de
la frente, fue la decisión de Dios cuando el hombre fue expulsado del
paraíso. Esto implica que se debe
trabajar, apartándonos de cualquier
religión o dogma, más aun, cuando ha
formado una familia, que es la cabeza
del hogar para llevar el alimento.
Hay sufrimiento, dolor, para
generar una fuerza de trabajo y recibir a cambio un salario, que permite cubrir
las necesidades básicas, y un confort de descanso en función directa del
ingreso. Pero hay que tener en cuenta que el hombre es un ser racional, con una
sabiduría e inteligencia de Espíritu, no de ciencia, que le permite vivir en
comunidad, comunión, con sus semejantes,
de palpar el sufrimiento del otro, el buen Samaritano.
Esa realidad hace que el hombre
pueda compartir, un trueque de ayuda,
por el prójimo, por el que necesita, sin esperar nada a cambio. Lo que
hace la mano derecha no se entere la mano izquierda. El amor del prójimo, el
amor al débil, de sembrar para cuando lleguen las vacas flacas, el circulo de
la vida.
Basados en la Biblia, la palabra
de Dios, la ayuda que se da, llamada también Diezmo, el hombre lo hará en una
libertad absoluta y en secreto, basado en el amor, Pero cuando entra la la avaricia, que separa la comunión, se da el
egoísmo, la ceguera, de ignorar el sufrimiento, alinearse del egocentrismo
económico y político.
El Hombre por tapar la verdad que
carcome la conciencia, crea conceptos sin teorías, para fomentar la corrupción
de manos de seda, con el discurso popular de la tarima. Dame tu voto que te doy
una escuela, dame tu voto que de doy pan, techo y empleo. Pero primero dame el diezmo político que te
doy la hipocresía política.
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