domingo, 30 de diciembre de 2018

Trabajo en equipo


Cuando buscamos el éxito,  siempre está en la razón, hay que ser el primero en todo.  Se presenta una lucha constante en la búsqueda de la inteligencia para ser el primero sin importar las barreras que haya que superar.
Pero el hombre se olvida de lo más importante de la vida, que los extremos nos traen problemas,  por más que la inteligencia dictamine el éxito o fracaso.  El que tiene el éxito dice en su interior, que es su inteligencia y esfuerzo, no ser vago. Sale a rebotar la soberbia para discriminar al otro, marcar un camino de solitario, la  bandera de juzgar.
Mientras que el perdedor discriminado, con la autoestima en el suelo, culpando al otro,  de su fracaso, la soberbia de  mirarse el ombligo en un camino solitario con la bandera también de juzgar.
La inteligencia no ha dado solución porque no ha podido manejar las emociones, de cambiar los estados emocionales positivamente,  ni relacionarse para conocer al otro.  Todo esto lleva al fracaso, no saber trabajar en equipo.
Un pueblo no puede ser productivo por estos errores de inteligencia que divide, por el egoísmo,  que lo  aprovecha como una oportunidad la clase política, para el discurso de la campaña, el ofrecimiento vano de querer  arreglarte la vida.
La respuesta para el verdadero éxito está en saber amar, de estrechar la mano al que está en el suelo. De susurrar al  oído,  que el sol sale  todos los días, que todos los días son oportunidades para alcanzar el éxito.
Hay que saber trabajar en equipo, con la sabiduría de Dios, que lo espiritual  abre el camino estrecho en una perimetral de oportunidades.  Que la verdadera inteligencia sea amar para el éxito del gozo y la paz.


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