El triple crimen ocurrido en la
Parroquia Posorja, nos deja un sabor amargo para la sociedad en general.
Marcando el código, la ley del talión, de tomar la justicia sin en el orden
jurídico, empañado bajo la ira, y el trastorno de saciar la sed de venganza.
Frente a esta realidad el hombre
se queda en silencio, con una mudez
interna, de lamentación, buscando culpables, al sufrimiento del diario
vivir. La justicia ordinaria toma acciones, siguiendo el proceso jurídico.
Pero como persona natural, padre
de familia, hermano, tío, sobrino, ciudadano, que respuestas podemos dar a la
juventud, niñez. Son los más afectados, absorben los acontecimientos como una
cosa natural de la convivencia del hombre.
La respuesta no es fácil, porque
tiene que ver la historia de cada individuo, cobijado desde el punto: moral,
ético, político, religioso, económico y social. ¿Qué es lo correcto, lo justo?
Se darán conceptos, opiniones, análisis de los hechos, etc. Pero
los medios de comunicación informan todos los días, violencia, corrupción,
secuestros. Una progresión geométrica de problemas intrafamiliares, que carcome
las teorías del político y las leyes creadas por el propio hombre en el seno de
la Asamblea Nacional.
El juego político de dejar las
palabras, acciones y leyes en el limbo, para dar un jaque mate, pero en
beneficio de un conglomerado. Pero los escenarios de violencia, corrupción, sigue siendo noticia. Hay el bostezo irónico.
“la ley es para todos, se llegara hasta las últimas consecuencias”. El
joven se convierte en adulto, el niño en joven, no han tenido respuestas.
Pero hay una realidad, que es la
respuesta a todo. La familia ha dejado de ser el pilar fundamental para el
desarrollo de una sociedad. El hombre se apartado de Dios y no tiene
objetivos, ni las ganas de luchar, de
dejar huella.
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