El hombre por su naturaleza misma
de vivir, siempre está buscando su libertad. Una libertad de pensamiento,
libertad de su opresor, libertad de su propia identidad.
Nacen los grandes imperios, los
expansionistas del poder, para esclavizar físicamente, en pensamiento,
ideología, religión, raza, etc. El
hombre se organiza para independizarse del yugo
opresor, la guerra interna para expresar la ira de no poder gritar libertad.
Mientras tanto vive realizando las tareas cotidianas.
Se conjuga el verbo “ser” de poder y orgullo,
para someter a la razón, en la ignorancia de la humillación, de vivir sin alma
y espíritu. El error más grade del hombre
es considerar a su semejante en una cosa, en lo inservible para el tacho de la
basura.
Si nos
trasladamos al presente, nos encontramos con la
realidad del pasado, el poder no
ha cambiado, hay nuevos actores, lo demás,
el mismo pensamiento de someter al hombre en los intereses del ego. Yo
soy.
El hombre se
considera Dios, indestructible para manejar el juego del poder, ante los placeres de la vida, pero con un
miedo a la muerte, que termina siendo esclavo de su propias conquistas, esclavo
de la arrogancia, para morir sin conocer la verdadera libertad.
Si nos
preguntamos. ¿Soy libre? ¿Puedo amar?. Respuestas que solamente Tú las puedes
dar. Respuestas que calan en la profundidad de tú propia identidad, para
descubrir si soy esclavo, que libertad estoy buscando o vivo por vivir.
Te imaginas
que aquel que no puede ver la luz de un amanecer, de saborear la esencia de la
familia, extiende la mano para pedir un balcón político, el voto de la
democracia, para esclavizar al hombre en su propia razón.
Pero exigimos
libertad, sin reconocer que somos esclavos de nuestras propias actitudes y
acciones, sumidos en el egoísmo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario