lunes, 11 de diciembre de 2023

 Un emprendimiento en tiempos de guerra.  

 

Estoy de terminar mi libro sobre emprendimientos y deseo compartir su concepto real, como base el emprendimiento personal que, va a cambiar la vida, dentro del aspecto material como espiritual.

 

Partimos del concepto Andy Freire que define al emprendimiento ES SER UN GRAN DETECTOR DE OPORTUNIDADES E IMPLICA HACER ALGO CON ESA OPORTUNIDAD QUE SE DETECTA, PARA QUE SE HAGA REALIDAD.  Lo tomamos como ejemplo porque mira al emprendedor como el que sabe aprovechar la oportunidad del momento, basado en el caminar diario, que son caídas, tropiezos, lagrimas, impotencia de no saber qué hacer, en momentos muy difíciles que la vida nos pone y debemos tomar una decisión.

 

La pregunta es cómo saber determinar la oportunidad que te da Dios, es en el momento de estar solo a sola, la meditación espiritual y personal, cerrar los ojos, empezar a mirar, ver todo el contorno donde has caminado, has dejado huella, pero la brisa o el viento lo borra todo y toca volver al inicio, volver desde cero. Te imaginas Julio Verne en 1865 publica la obra “De la tierra a la luna” en su mente que miro, y como percibió la oportunidad, fue un loco soñador de preguntarse qué hay más allá del propio cielo, donde miro, observo, cuantifico, y actuó. 

 

Para una decisión se debe vencer los miedos, no se pueden eliminar, pero si dominarlos. Dominar al miedo depende de la seguridad de tú propio sueño, de creer que, si puedo, pero, con la ayuda perfecta que Dios dio al hombre que es la mujer. Bajo esta perspectiva el hombre y mujer forman una familia, un solo cuerpo, pero dos razonamientos, dos vivencias y sola bendición de Dios, para entrar en lo desconocido de emprender en una familia, de dar soluciones diarias con respecto: Alimentación, enfermedad, muerte, que son las tres fases que el hombre debe enfrentarse que no las puede obviar. Ahí están las oportunidades, donde el miedo no debe dominar por más duro que sea el problema, siempre habrá una solución, es no perder la Esperanza.

 

Pensar que, en una enfermedad, en un cáncer, el propio Covid-19 que nos tocó vivir, aún tenemos las secuelas de este virus. Hay oportunidades, que puede ser una locura, sí, porque es una decisión incierta que estas solo, donde no entra la parte monetaria para la solución. Es la comunicación, de mirar todo el entorno, la estructura de la familia, conocer las debilidades y fortalezas de cada integrante, que el momento de tomar una decisión que no salgan afectados los más débiles.

 

La decisión tomada para que sea efectiva, debe ir acompañada de sabiduría, lo que permitirá un equilibrio entre la soberbia de un intelectualismo que lo sabe todo, que genera un egocentrismo, de mirar al otro como inferior, frente a una humildad que se presenta cuando ves al otro como superior a ti. Esto permite que nazca el servicio, en cubrir una necesidad del prójimo, del otro. Te permite ver con los ojos del alma y puedes visualizar la necesidad real. Es la oportunidad que se debe convertir en un producto.

 

Parece fácil, la teoría te lo hace más fácil, pero no te deja soñar, la oportunidad se esfuma, y se lo ve como un problema, un sufrimiento, se crean los monólogos: “Si tuviera dinero”, “Soy pobre”. Letanías que el hombre se pregunta y se responde, abriendo la puerta al abismo de la mía culpa, porque el hombre se convierte en esclavo de sus propias pasiones. Donde ya no piensas, solamente actúas.

 

Es la debilidad del emprendimiento, muy serio, porque la familia y las universidades, han dejado de cumplir su rol primordial. La familia se transformó en un rol mercantilista, que el hombre luche por SER, tener fama y dinero, pero sin servicio, sin amor, desaparecen los valores de honestidad e integridad. Mientras que la universidad también se convirtió en el conocimiento mercantilista, que debes tener cuatro títulos: Profesión, especialidad, maestría, doctorado.

 

Un título no crea emprendimiento, genera decepción, depresión, porque el conocimiento está solo, no se une a la familia, donde formas tú identidad, valores y un emprendedor. Un loco soñador. 

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