Un emprendimiento en tiempos de guerra.
Estoy de terminar mi libro sobre emprendimientos y deseo
compartir su concepto real, como base el emprendimiento personal que, va a
cambiar la vida, dentro del aspecto material como espiritual.
Partimos del concepto Andy Freire que define al
emprendimiento “ES SER UN GRAN
DETECTOR DE OPORTUNIDADES E IMPLICA HACER ALGO CON ESA OPORTUNIDAD QUE SE
DETECTA, PARA QUE SE HAGA REALIDAD”. Lo tomamos como ejemplo porque mira al
emprendedor como el que sabe aprovechar la oportunidad del momento, basado en
el caminar diario, que son caídas, tropiezos, lagrimas, impotencia de no saber
qué hacer, en momentos muy difíciles que la vida nos pone y debemos tomar una
decisión.
La pregunta es cómo saber determinar la oportunidad que te da
Dios, es en el momento de estar solo a sola, la meditación espiritual y
personal, cerrar los ojos, empezar a mirar, ver todo el contorno donde has
caminado, has dejado huella, pero la brisa o el viento lo borra todo y toca
volver al inicio, volver desde cero. Te imaginas Julio Verne en 1865 publica la
obra “De la tierra a la luna”
en su mente que miro, y como percibió la oportunidad, fue un loco soñador de
preguntarse qué hay más allá del propio cielo, donde miro, observo, cuantifico,
y actuó.
Para una decisión se debe vencer los miedos, no se pueden
eliminar, pero si dominarlos. Dominar al miedo depende de la seguridad de tú
propio sueño, de creer que, si puedo, pero, con la ayuda perfecta que Dios dio
al hombre que es la mujer. Bajo esta perspectiva el hombre y mujer forman una
familia, un solo cuerpo, pero dos razonamientos, dos vivencias y sola bendición
de Dios, para entrar en lo desconocido de emprender en una familia, de dar
soluciones diarias con respecto: Alimentación, enfermedad, muerte, que son las
tres fases que el hombre debe enfrentarse que no las puede obviar. Ahí están
las oportunidades, donde el miedo no debe dominar por más duro que sea el
problema, siempre habrá una solución, es no perder la Esperanza.
Pensar que, en una enfermedad, en un cáncer, el propio
Covid-19 que nos tocó vivir, aún tenemos las secuelas de este virus. Hay
oportunidades, que puede ser una locura, sí, porque es una decisión incierta
que estas solo, donde no entra la parte monetaria para la solución. Es la
comunicación, de mirar todo el entorno, la estructura de la familia, conocer
las debilidades y fortalezas de cada integrante, que el momento de tomar una
decisión que no salgan afectados los más débiles.
La decisión tomada para que sea efectiva, debe ir acompañada
de sabiduría, lo que permitirá un equilibrio entre la soberbia de un
intelectualismo que lo sabe todo, que genera un egocentrismo, de mirar al otro
como inferior, frente a una humildad que se presenta cuando ves al otro como
superior a ti. Esto permite que nazca el servicio, en cubrir una necesidad del
prójimo, del otro. Te permite ver con los ojos del alma y puedes visualizar la
necesidad real. Es la oportunidad que se debe convertir en un producto.
Parece fácil, la teoría te lo hace más fácil, pero no te deja
soñar, la oportunidad se esfuma, y se lo ve como un problema, un sufrimiento,
se crean los monólogos: “Si tuviera dinero”, “Soy pobre”. Letanías que el
hombre se pregunta y se responde, abriendo la puerta al abismo de la mía culpa,
porque el hombre se convierte en esclavo de sus propias pasiones. Donde ya no
piensas, solamente actúas.
Es la debilidad del emprendimiento, muy serio, porque la
familia y las universidades, han dejado de cumplir su rol primordial. La
familia se transformó en un rol mercantilista, que el hombre luche por SER,
tener fama y dinero, pero sin servicio, sin amor, desaparecen los valores de
honestidad e integridad. Mientras que la universidad también se convirtió en el
conocimiento mercantilista, que debes tener cuatro títulos: Profesión,
especialidad, maestría, doctorado.
Un título no crea emprendimiento, genera decepción, depresión, porque el conocimiento está solo, no se une a la familia, donde formas tú identidad, valores y un emprendedor. Un loco soñador.
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