lunes, 11 de diciembre de 2023

 

El reencuentro  Miguelino Nro2, promoción 1975-1981

 

El día 8 de diciembre del presente año nos reunimos en la ciudad de Catamayo, los alumnos de la primera promoción de la Escuela Miguel Riofrío Nro 2. El reencuentro de la promoción 1975-1981, que han pasado 42 años, para volvernos a ver. El rencuentro de la niñez a una vida adulta, un promedio de edad actual entre 54 y 53 años.

 

Un reencuentro de nueve amigos, con sus respectivas profesiones, desde abogados, médicos, Ingenieros comerciales, economistas, periodistas deportivos, Ingenieros agrónomos, militares. Un trabajo público y privado, que han podido aportar a la ciudad de Loja con sus conocimientos.

 

Lo que fue una vez, unos chiquillos, el juego de las canicas, los trompos, las cometas, etc. Que se estaban forjando los sueños, lo que sería después de cincuenta años. El niño que en su momento se preocupaba de jugar y estar a lo que digan nuestros padres. Hoy que en su mayoría somos padres, salvo con algunas acepciones, también abuelos, que pueden reunirse entre tres y cuatro generaciones (bisabuelo, abuelo, padre, hijo).

 

Hasta ahí queda la niñez, nos toca redactar lo vivido en el reencuentro de la camaradería, donde se empezó entre una cerveza, una guitarra, y los famosos chistes, o la broma con picardía. Se tomando confianza, un poco tímido, pero entre cerveza y cerveza, la timidez se liberaba y comenzaban a contar las anécdotas.

 

Comenzó mi sargento primero en servicio pasivo, de cariño se le bautizo como mi Teniente, mi comando, con su voz de un rugido de león, contaba que se encontraba en instrucción al personal militar y grito con su voz fuerte. “TERMINASTE BABOSO”, nuestro compañero el abogado se encontraba llevado el vaso de cerveza a su boca, para refrescarse del calor y disfrutar de la reunión, que, al escuchar esa voz, varonil, el pobre abogado de una alzada, de lo trago, con su voz refinada dijo, “Termine”, pero se le salían los ojos y se puso colorado de escuchar esa voz. Mi teniente se percata y le dice, no le estoy diciendo a usted abogado, era mi anécdota. Fue la risotada y se empezó a vivir la confraternidad.

 

Como buen Lojano, salieron los artistas escondidos, y dieron su repertorio de una música romántica, los clásicos de los años 70 y 80. Al escuchar la canción salía el suspiro de lo que fue, de lo que no fue, y lo que se quedó en el ayer. Se escuchaba una voz, que canción del carajo. Por favor sirva, sirva, que no se desperdicie la música.  Cuando acordamos nuestro compañero con la pinta Charlton Hesto, se desapareció, se lo buscaba, cuando se escucha desde la concina al pequeño gigante de la canción, que se encontraba picando la costilla para preparar la fritada. ¿Qué apostamos? que él, pana, se encuentra a 300 metros, está hablando con la pelada, con la auxiliar de hogar. De nuevo la risotada, la picardía de alargarlo y decirle, mis respetos mi pana, mi brother, se alcanza para dos. Como todo buen caballero, no, no. Son alucinaciones de ustedes, sigamos con la alegría.

 

Preguntaron al profesional de la materia, que es bueno o malo. Primero hay que endulzar la boca con un vaso de pilsener, para refrescar los conocimientos, y cuando estaba para dar su criterio, se escucha la canción “YO NECESITO” de Paolo Salvatore, y se cantó, todos a una misma voz, la canción de algún amor de colegio que vino al recuerdo. Nos quedamos con la duda entre lo moral, lo ético y la pasión.

 

La alegría de estar viviendo el reencuentro, de cantar y vivir lo vivido, escuchando la música del ayer, la música que nos trasladaba a una vivencia, De pronto se escucha una voz que grita “YO SOY HOGAREÑO” y lo repetía, como unas cinco veces que lo gritaba. Como buenos compañeros lo felicitábamos, que hoy en día no hay ese hogareño, Nos vuelve a contestar, pero soy hogareño “DE HOGARN EN HOGAR”. De nuevo la risotada y decirle mis respetos.

 

Ya seriamente, vivimos el compañerismo, de construir amistad, de conocer la historia de cada uno, dar gracias a Dios, que tenemos una familia, una responsabilidad para aportar a la sociedad y se pueda desarrollar. Eso vivimos, una reunión con altura, con el respeto que nos merecemos, como el timón de un barco, de navegar por nuevos caminos, de romper paradigmas. Una reunión de motivación, para contar a nuestros hijos que hemos podido reunirnos luego de cuarenta y dos años.  

 

Los demás redactado una ficción de ponerle salsa y reírnos al leer estas líneas, que la vida es vida, porque sabemos reírnos de uno mismo, conocernos, saber “QUIEN SOY”. De preservar esta amistada que ha nacido.

 

Un fuerte abrazo Miguelinos.

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