El reencuentro Miguelino Nro2, promoción 1975-1981
El día 8 de diciembre del presente año nos reunimos en la
ciudad de Catamayo, los alumnos de la primera promoción de la Escuela Miguel Riofrío
Nro 2. El reencuentro de la promoción 1975-1981, que han pasado 42 años, para
volvernos a ver. El rencuentro de la niñez a una vida adulta, un promedio de
edad actual entre 54 y 53 años.
Un reencuentro de nueve amigos, con sus respectivas
profesiones, desde abogados, médicos, Ingenieros comerciales, economistas,
periodistas deportivos, Ingenieros agrónomos, militares. Un trabajo público y
privado, que han podido aportar a la ciudad de Loja con sus conocimientos.
Lo que fue una vez, unos chiquillos, el juego de las canicas,
los trompos, las cometas, etc. Que se estaban forjando los sueños, lo que sería
después de cincuenta años. El niño que en su momento se preocupaba de jugar y
estar a lo que digan nuestros padres. Hoy que en su mayoría somos padres, salvo
con algunas acepciones, también abuelos, que pueden reunirse entre tres y
cuatro generaciones (bisabuelo, abuelo, padre, hijo).
Hasta ahí queda la niñez, nos toca redactar lo vivido en el
reencuentro de la camaradería, donde se empezó entre una cerveza, una guitarra,
y los famosos chistes, o la broma con picardía. Se tomando confianza, un poco
tímido, pero entre cerveza y cerveza, la timidez se liberaba y comenzaban a
contar las anécdotas.
Comenzó mi sargento primero en servicio pasivo, de cariño se
le bautizo como mi Teniente, mi comando, con su voz de un rugido de león,
contaba que se encontraba en instrucción al personal militar y grito con su voz
fuerte. “TERMINASTE BABOSO”, nuestro compañero el abogado se encontraba llevado
el vaso de cerveza a su boca, para refrescarse del calor y disfrutar de la
reunión, que, al escuchar esa voz, varonil, el pobre abogado de una alzada, de
lo trago, con su voz refinada dijo, “Termine”, pero se le salían los ojos y se
puso colorado de escuchar esa voz. Mi teniente se percata y le dice, no le
estoy diciendo a usted abogado, era mi anécdota. Fue la risotada y se empezó a
vivir la confraternidad.
Como buen Lojano, salieron los artistas escondidos, y dieron
su repertorio de una música romántica, los clásicos de los años 70 y 80. Al
escuchar la canción salía el suspiro de lo que fue, de lo que no fue, y lo que
se quedó en el ayer. Se escuchaba una voz, que canción del carajo. Por favor
sirva, sirva, que no se desperdicie la música.
Cuando acordamos nuestro compañero con la pinta Charlton Hesto, se
desapareció, se lo buscaba, cuando se escucha desde la concina al pequeño
gigante de la canción, que se encontraba picando la costilla para preparar la
fritada. ¿Qué apostamos? que él, pana, se encuentra a 300 metros, está hablando
con la pelada, con la auxiliar de hogar. De nuevo la risotada, la picardía de
alargarlo y decirle, mis respetos mi pana, mi brother, se alcanza para dos.
Como todo buen caballero, no, no. Son alucinaciones de ustedes, sigamos con la
alegría.
Preguntaron al profesional de la materia, que es bueno o
malo. Primero hay que endulzar la boca con un vaso de pilsener, para refrescar
los conocimientos, y cuando estaba para dar su criterio, se escucha la canción
“YO NECESITO” de Paolo Salvatore, y se cantó, todos a una misma voz, la canción
de algún amor de colegio que vino al recuerdo. Nos quedamos con la duda entre
lo moral, lo ético y la pasión.
La alegría de estar viviendo el reencuentro, de cantar y
vivir lo vivido, escuchando la música del ayer, la música que nos trasladaba a
una vivencia, De pronto se escucha una voz que grita “YO SOY HOGAREÑO” y lo
repetía, como unas cinco veces que lo gritaba. Como buenos compañeros lo
felicitábamos, que hoy en día no hay ese hogareño, Nos vuelve a contestar, pero
soy hogareño “DE HOGARN EN HOGAR”. De nuevo la risotada y decirle mis respetos.
Ya seriamente, vivimos el compañerismo, de construir amistad,
de conocer la historia de cada uno, dar gracias a Dios, que tenemos una
familia, una responsabilidad para aportar a la sociedad y se pueda desarrollar.
Eso vivimos, una reunión con altura, con el respeto que nos merecemos, como el timón
de un barco, de navegar por nuevos caminos, de romper paradigmas. Una reunión
de motivación, para contar a nuestros hijos que hemos podido reunirnos luego de
cuarenta y dos años.
Los demás redactado una ficción de ponerle salsa y reírnos al
leer estas líneas, que la vida es vida, porque sabemos reírnos de uno mismo, conocernos,
saber “QUIEN SOY”. De preservar esta amistada que ha nacido.
Un fuerte abrazo Miguelinos.
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