Tiempo de adviento, tiempo de
conversión
La importancia de rezar, la importancia que el hombre pueda
vivir la experiencia de tener una intimidad con Dios, de estar solo a sola.
Volver a empezar una nueva vida, una vida de conversión, un nuevo hombre de Espíritu, para estar
preparado para la segunda venida de Jesucristo, que será el juicio final.
Este tiempo de Navidad, de vivir la esperanza que viene el
Señor vestido de majestad, vestido de poder, para ejercer un juicio, el juicio
de las obras de la misericordia, vividas con el prójimo. Para lo cual debemos
vivir con la palabra, la palabra en la comunidad, la palabra de la liturgia, la
liturgia de la Navidad, la misa de gallo, que significa en primer lugar la
negación de Pedro, que se refleja la negación de nosotros, frente a las
concupiscencias del mundo, donde el hombre cae esclavo de sus propias
debilidades.
Es tiempo de entrar a una verdadera conversión, ya no gritar
pidiendo la libertad de Barrabas, el personaje que el pueblo de Israel libero.
El grito a los cuatro vientos que sea libre Barrabas, libre, crucifícalo a
Jesucristo, a pesar de no encontrar delito alguno. Se dio el lavado de manos,
yo no te condeno son ellos, los otros. Poncio Pilato se encontró con la verdad,
pero pudo más su idolatría y enloqueció, de haber matado a un inocente.
En nuestras vidas se refleja en el diario vivir, de liberar a
Barrabas, un hombre que buscaba la justicia social, “Soy Yo”, el egoísmo en
primea persona, dejando morir al Espíritu Santo y tener una vida sin sabor a
Dios, una vida de mundo. Pero hay una señal que Dios envía al hombre, el vivir
el tiempo de “Adviento”, la llegada de Jesucristo victorioso, vencedor de la
muerte, para que el hombre sea libre, ya no esclavo del pecado. Empezamos a
vivir un recogimiento en oración, de poder descender, donde tienen que morir
todos nuestros deseos de la carne y volver a subir un hombre resucitado, libre,
libre en albedrio, en una libertad de actuar y pensar.
Cuando será la segunda venida, no lo sabemos, pero nos invita
a estar atento, que llegará en el momento menos esperado. Este proceso de
conversión es muy importante dentro de la vida del hombre en la tierra, porque llegará
la muerte física, nuestra alma sube a la presencia de Dios, para ser juzgada,
quien permitirá entrar al cielo o al infierno. La sabiduría que el hombre le dé
a la vida terrenal, que hay vida eterna, que el cielo será de los pobres de
espíritu, de los que verdaderamente le gritemos a Dios, su ayuda, de salir del
pecado, de la muerte del ser.
En esa libertad que tiene el hombre, de escoger
verdaderamente el poder, entrar al cielo, de construir con los cimientos de
Jesucristo resucitado o los cimientos del mundo (oro, plata, etc.) Cuya obra
deberá ser pasada por el fuego. El fuego es el amor de Dios.
Este tiempo de adviento es eso, el tiempo de saber esperar,
tener la certeza que viene, llegará, para lo cual hay que entrar a coger
aceite, encender las lámparas, tener luz, para enfrentar a las tinieblas, con
las armas que nos la Iglesia: Oración, ayuno y limosna. Habrá la persecución,
en este camino de iniciación cristiana, llegaran las tribulaciones, como el
falso testimonio, el no recibir coimas, hablar con la verdad, sí, sí o no, no,
etc.
Seguir a Dios, es
cargar la cruz, ponerse de tras de Él, el camino que se debe alumbrar para que
el prójimo vea y pueda saborear de la misericordia, se fortalezca la elección y
se anuncie la palabra de Dios.
El tiempo de adviento, que vivas, que necesitas de Dios, y
que etas en vela.
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