Tercer domingo de Adviento GAUDETE (el gozo y la alegría)
El desconocimiento total que tiene el hombre, acerca de que
es la felicidad, como llegar a la felicidad.
La Iglesia nos da en este tercer domingo de adviento, el día de
alegrarse, estar alegres en medio de los sufrimientos, de las adversidades que
se vive a diario. Es el tiempo de
esperar, que llega el hijo de Dios, pero necesita que el hombre abra el
corazón, que muera a la razón y pueda nacer Jesucristo en este cuerpo mortal.
El problema radica cuando el hombre busca la felicidad si
querer sembrar amor, se queda en el egoísmo sustancial, de perderse en las
pasiones, para, absorber, una alegría efímera, por una decisión sin sabiduría,
en la búsqueda incesante de encontrar el amor, un amor de espejismos.
Cuando el hombre se queda en los espejismos, entra a vivir una
muerte del ser, de no poder entender el sufrimiento, como el camino real para
llegar a la alegría, al gozo. Es decir, debe existir la esperanza que llega,
que se abre la cortina para experimentar la luz, el gesto de dar, compartir, de
labrar la tierra, listo para sembrar el grano de amor.
Preparar la tierra significa, que el hombre está listo a
morir a la razón, el sentimiento de soberbia, que se lo lleva como impronta,
que muere cuando se puede discernir, que la vida es vida, dejas que Dios pueda nacer
en tú interior, en la propia razón, para dar el fruto de la misericordia, que
los pasos generados en el caminar, se conviertan en huella. Donde Dios es la
alegría perpetua del hombre, la felicidad en los acontecimientos, en el
sufrimiento que se dieran, sin la malicia del hombre.
Que la vida se encuentra en la simplicidad total, en la
sencillez de los actos, por ejemplo, el beber un vaso de agua del prójimo, disfrutar
en el paladar la dulzura real de la creación, que es la vida. Disfrutar del abrazo
del padre, hermano, amigo, que expresa más que la propia palabra, el acto de
seguridad, de confianza, de esperanza, que la vida es de altos y bajos. Que
debemos saber esperar, que todo cambia, que morimos y resucitamos, para tener
nuevos sueños, nuevos caminos.
La felicidad no se la busca, se la encuentra en la FE, en la
noticia que Dios es amor en el sufrimiento de la enfermedad, la vejez y la
muerte. Un trípode donde se apoya el hombre, para mirar a los cuatro vientos,
la creación de Dios que lo pone a disposición del hombre, para que sea feliz y
viva de los frutos de la tierra. Pero hay, el, pero, un, pero, de enfrentarse
al miedo, al razonamiento ilógico, si debo o no trabajar, lo tiene que hacer
otro. Nace el valor mercantilista, el poder de SER, la esclavitud del propio
hombre, matando los sueños, quedando un hombre sin identidad.
El hombre sin identidad no puede ser feliz, vive del miedo,
creando la cortina de humo, de ser lo que no es, una falsa mirada, la
alienación de su propia vida, destruyéndose en sí mismo, el daño moral al
cuerpo, de crear una identidad de muerte, de expresión de un espejismo, de una
vida vacía, sin norte, sin el sueño de querer llegar a la meta.
Llegar a la meta, es decir SI a Dios, decir sí muero a mi
razón, a mis proyectos, para dar vida al otro. El otro es Cristo. Una pedagogía
no entendible para la inteligencia, porque sobresale la soberbia, de ser Yo. Sí
la alegría está en dar, ayudar, cuidar, al prójimo.
¿Quieres ser feliz?
Muere a tú razón, muere a ti mismo. Aprende a llegar a la meta,
construir familia, de vivir la alegría de Dios.
No hay comentarios:
Publicar un comentario