La desigualdad se presenta por el
egoísmo latente de, ser, tener, concupiscencia política y económica, para
dividir y gobernar. En si es la perdida de la esencia de la familia, destruida
por una de las causas del éxodo en los
años 90 al viejo continente y américa del norte, considerado como indicador
estadístico que generar las remesas, siendo rubro importante para el
presupuesto del país.
Da ahí vienen más problemas que hoy lo estamos
viviendo, de una niñez que se quedó huérfano de padres reales a ser padres de
nombre, consentidores con bienes materiales. Perdiendo la identidad. Hoy los
mimos niños son profesionales con otro pensamiento, de generar, producir los desdenes de la desigualdad
en la ciencia, política, cultura y costumbres.
Una realidad que la sociedad
política lo sabe, pero ignora porque tiene un valor electoral, un voto para
subir al peldaño del poder y volver a generar la desigualdad con mayor fuerza,
acompañado de un mercantilismo y marketing agresivo de consumo.
Como podemos hablar de educación,
cuando se ha sepultado la educación de la familia, que son los valores de
un crecimiento y desarrollo. Como
ejemplo puedo citar los jóvenes que no pudieron pasar los exámenes de “Quiero
ser bachiller”, buscando un cupo para ingresar a la universidad.
Cuál es la solución, de abrir las
puertas de las universidades y masificar. Ya no estaríamos hablando de una calidad de educación. Fomentar
las carreras técnicas a nivel de Institutos tecnológicos. Están preparados para
fomentar y ser formadores para fomentar el aparato productivo para crear valor
agregado de transformar la materia prima.
Cuál es la solución perfecta?.
El poder electoral de sufragar a los diez y seis años como lo indica la
constitución, la libertad a través de
los derechos que destruyen la creación de la naturaleza o vivir la eutanasia
del poder político que acelera la desigualdad del hombre contra el hombre.
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