lunes, 10 de junio de 2019

La Experiencia y la Teoría



Hay cosas que en la razón del hombre no se puede entender, que el Estado/Empresa por compromisos económicos, políticos, bajar costos, deslinda la experiencia, como si fuera pasado, el terror del presente. Cuando la realidad es que el avance tecnológico, el desarrollo industrial, se da por la experiencia creada,  por la constancia de creer en los sueños, que la vida es un aprendizaje, de saber levantarse de las caídas, tropiezos. Que el verdadero éxito está en aprender de la teoría que no tiene experiencia y practica. 

El miedo de enfrentar, que la habilidad a tal actividad está por encima de la juventud del conocimiento de un libro. Cuando es sabido que la práctica sin teoría es ciega, y la teoría sin práctica es estéril.  Ambivalencias que se dan: Por no tener experiencia se te contrata por un salario básico, por tener experiencia se te pagara un salario básico con un adicional, “te estoy haciendo un favor”; “ya estas viejo”.

Sin embargo se busca: Productividad, calidad, eficiencia, enseñando la metodología a seguir, sin la experiencia de cómo hacer la tarea encomendada, a diferencia del que sabe hacer, utiliza la palabra SIRVE;  que significa dar un servicio de integración, donde se da una reacción,  creando un valor agregado, con el estimulo de ser visionarios con liderazgo.

 Olvidamos que la competencia efectiva es la experiencia de reconocer al enemigo que se alía con la sombra de UNO MISMO, para caer en el abismo del miedo como presente, futuro y pasado. El enemigo eres Tú, que aflora un razonamiento de imponer lo que se cree, sin la definición correcta.

Frente a esta realidad de sepultar a la experiencia, se puede hacer una hipótesis que la ignorancia del hombre es más fuerte  que su propio conocimiento, “la vanidad de vanidades”, un país en vías de desarrollo

martes, 21 de mayo de 2019

EL NUEVO GOBIERNO SECCIONAL


La noticia de la semana fue la posesión de las nuevas autoridades seccionales, la alegría de unos, que se cumplan las promesas de campaña, el ofrecimiento de la metamorfosis política a la realidad de la vivencia del pueblo. Circunstancias donde juegan los intereses más personales que la misma ideología.

El nuevo siglo, donde el hombre vive la vida por un juego, el ganar el trofeo de la adulación, de ser merecido de lo que no siembra, pero exigente con el poder efímero que maneja, sea político, económico, cultural. Se presenta el choque de las fuerzas, con un colchón que amortigua la identidad política, para buscar en su momento el culpable perfecto, de lo que es y no es, el as sobre la manga, la tentación de los deseos de la campaña electoral.

La debilidad del político, donde la conciencia le recrimina, pero es absorbida por la ignorancia de la verdad, para salir al balcón y pronunciar palabras populistas, la tendencia de ganar, ganar, mientras el pueblo espera el resultado del ganador, con el voto democrático sin el verdadero análisis, pero sí el consuelo probabilístico de la promesa.

Hay el ganador, la sonrisa con el beso de Judas y porque no decir el lavado de manos. El triunfo se dio a la propuesta, a mi trabajo, el movimiento político en segundo plano, el requisito de la ley.   Mientras la oposición maquiavélicamente trabaja para aplicar la ley, contando los errores, para aplicar la revocatoria, el principio democrático para el beneficio propio, mas no del pueblo. Resucita el llanto de los seguidores, para vivir de nuevo el choque político, por defender la verdad que mata a la democracia.

La verdad es que el hombre confía en los conceptos políticos, en la posesión del gobierno, sin imaginar que compra su propia tumba, para dejar como herencia al pueblo que le dio el voto democrático.  

Ser honesto


Hoy en día  se habla de corrupción, la noticia diaria, que está marcando el camino  para dividir al hombre con su razón, su ser  e imponer su verdad, su Yo, humillando al otro,  ¿quién está libre de culpa para votar la primera piedra?

Palabras implícitas van y vienen, aduciendo que se han perdido los valores y vivimos las consecuencias. Una verdad que se habla en los balcones de la eficiencia como la esencia de  rumiar la verdad sin acción y resultados.

¿Se han perdido los valores?, ¿que se hace para cambiar?. Nos quedamos en la ley, en el cumplimiento, “cumplo y miento”, engañándonos  a nosotros mismos, sin honestidad, pero nos consideramos profetas y maestros para dar clases de moral y honestidad, sin conocer la realidad de la vida.

Cuando se habla de honestidad, rajándose las vestiduras de pulcritud, juzgando al otro, desaparece  el amor de dar,  quedando el concepto en la mente del hombre como  el arma letal para atacar al prójimo, el jaque mate,  “Eres un corrupto y más palabras hirientes”
Una forma de hacer daño sin medir la consecuencia, permitiendo se haga elástica la ira hasta ganar una guerra del Yo, con los miedos de enfrentar la verdad, la debilidad de saber, ¿quién soy yo?, el miedo a la muerte  del ser, que se regocija en el sufrimiento, por un elogio efímero cobijado de la oscuridad de la tristeza.

Si la reacción y efecto ante la discordia es saber escuchar y callar, se ha ganado una guerra, la verdad a fluido, la honestidad ha extendido su raíz para ser frondosa, dando frutos de  sabiduría, para el verdadero visionario de construir sobre la roca. Ser un empresario, un Político, un maestro, un obrero, un empleado, un ser humano.

La sociedad necesita hombres honestos probados en la verdad. La respuesta la tenemos Tú y Yo.  ¿Soy honesto?

lunes, 22 de abril de 2019

La Pascua de Resurrección


Hemos celebrado la fiesta más grande del  Cristianismo, la liberación del hombre, de la esclavitud que ha vivido por años, buscando la libertad  para ser feliz. En el libre albedrío de pronunciar amen, o simplemente dejar pasar por el miedo de experimentar el amor de  Dios.

Por lo general el hombre se queda en el  viernes santo, en la muerte de Jesucristo, encerrado  en el sufrimiento. Pero Jesucristo viene al mundo a vencer la muerte, darnos la libertad, una esclavitud que ha mantenido al hombre sumiso en su propia realidad, de no mirar al frente, viviendo en el pasado, con las letanías de la mala suerte, en la jaula de su propio Yo.

Es la gran diferencia entre la verdad y la razón inteligencia de hombre que crea una barrera, de lo que es el milagro espiritual, y la muerte òntica, que no permite ver la gloria de Dios, la resurrección del hombre viejo al nuevo hombre nacido de Espíritu.     
    
Para lo cual el hombre utiliza la lógica, el razonamiento de forma coherente, basado en sí mismo. Por ejemplo caminar un kilómetro y llego a la meta, sin deducir que la vida nos viene de Dios.  Premisas que abren la puerta a los conceptos de la inteligencia para justificar el  envejecimiento de sí mismo.

En la razón Jesucristo sigue crucificado, en la muerte, sin la potestad de poder resucitar, de quitar la piedra. Se queda en la mía culpa, el yo pecador, las diez aves marías, un padre nuestro.  Cuándo la realidad es otra, que Dios nos regala el espíritu de Resurrección, a través de su hijo que desciende a la fosa de la muerte, la fetidez humana, para salir victorioso, a la nueva creación.

Es la gran noche que se ha vivido, la  noticia de la nueva creación.  Que se puede amar en la dimensión del sufrimiento real del hombre.

lunes, 15 de abril de 2019

El éxito de saber escuchar?

Hemos vivido el domingo de Ramos, la entrada de Jesús a  Jerusalén, donde lo proclaman Rey,   a la semana  humillado, condenado a morir una muerte de cruz, como el peor malhechor de la historia. Lo importante de este acontecimiento la obediencia del Hijo al Padre,  de salvar al hombre de  la esclavitud,  de su  ignorancia, cerrados a su propio escándalo, de no saber amar y alienarse en la razón de hacer el mal. 

El mal nace al no saber escuchar, no respetar, o reconocer la esencia del amor, como el engranaje de la vida, en la sumisión de un solo Dios sin dogmatismo, basado en la humildad del amor al prójimo.  Han pasado dos mil años, el hombre sigue buscando la causa del sufrimiento, al no encontrar respuesta, busca un culpable que recae en el más débil, en el inocente.

Cuando muere el inocente, e invade la tristeza que se arraiga en  la profundidad del propio ser,  donde el alma muere y el Espíritu envejece, callando en el silencio de la oscuridad  de los  gritos del inocente, que el hombre no escucha, oye el susurro de la vanidad, el poder de someter, con el dolor del poder que destila odio e ira por dominar la razón como edicto real.  

La realidad que vivimos, siglo veinte y uno, que seguimos en el irrespeto a la lógica de la vida, dejando morir la familia, por el gran escándalo de ser sumiso ante la palabra que tiene poder para cambiar. Salen falsos profetas con profecías de muerte a la vida, los derechos que encarcelan a su propia lucha por no saber escuchar y ver en la profundidad de la creación de Dios, el edén de la vida. 

La importancia de respetarse uno mismo, para ser sumiso, saber escuchar la existencia de la vida y ser libres  en la verdad 

domingo, 14 de abril de 2019

Saber llegar a la cima


El hombre tiene una lucha incesante de buscar siempre la felicidad, se plantea todos los días objetivos, que tiene que ser así. Pero qué pasa cuando has llegado a la cima?, en que se transforma la nueva etapa de convivencia.

Se presenta el choque de las palabras del ayer y del hoy, la decisión a tomar, dar un nuevo paso, en función de  los  resultados de haber llegado a la cima. El camino de la felicidad, pero invade el rocío  del miedo, que el sabor dulce de haber llegado a la meta no se desvanezca en el paladar, pero la vida tiene el orden de mirar el norte, el hombre en la angustia mira al sur, a la historia, atrás, y  la felicidad se esfumo.

Donde quedaron los sueños y el esfuerzo de llegar a la meta, si no estamos preparados para conocer que es el amor, el compañero fiel en el caminar diario, pero invisible ante la mirada del hombre, preocupado por ver lo tangible, buscando el tesoro que se corroe en el tiempo, para recoger en la cima, las fatigas del cansancio exhausto.

Cuando el hombre se ha llenado de sabiduría puede concluir que la vida es vanidad de vanidades, que la verdadera felicidad es saber amar, que no se puede comprar con dinero, pero si, con el gesto de estrechar la mano al prójimo, al cristo viviente. Que el verdadero éxito, es llegar a la cima, caminando con amor, en la libertad, sin el miedo del fracaso, sin el miedo de la traición, simplemente viviendo la unidad y el amor.

Palabras que no se entiende con la razón ni la inteligencia, ni tampoco hay definiciones, pero si  el hombre se clausura en su propio ego, de no vivir el día a día, termina llegando a la cima, con los miedos de volver a la pobreza sin saborear la felicidad.

El camino de la Vida

Para nacer hay una fecha segura, dando el primer grito a la vida, el grito de la seguridad a lo desconocido. El cambio rotundo de aprender todos  los días, desde saber pronunciar las  primeras palabras, el lenguaje de comunicación. El camino de: bebé, niño, adolecente, adulto y vejez. La verdad, que es frágil al pensamiento de los conceptos,  que  marcan huellas, de respecto a la ignorancia, de un deseo material insaciable, que cala en la identidad del hombre.  

Entre los dos puntos nacer y morir, no hay una ciencia, un manual a seguir, para gritar en el monte más alto de la vida, eureka, la epifanía de la salvación bajo inteligencia razonable. Discrepancias que enloquecen al hombre frente al dolor, a la pérdida de un ser querido o al mismo cáncer, una alerta amarilla que la muerte está en el umbral de la puerta.

Los miedos que abren la cortina de caminos escabrosos de la vida, apoyados ante el antagonismo  de escribir en la propia historia sin valor agregado, cubierto por el orgullo,  escondido de la falsa  piedad y humildad por llegar a la meta sin medalla. La tristeza crea las olas para ahogar a la verdad y morir, porque toca morir.

No debe ser así, el hombre tiene una misión, ser la luz para el prójimo, el faro de los navegantes de ilusiones, que guiara el rumbo luego de un oleaje de  tristezas, para caminar por la paz espiritual, donde no entra el mercantilismo de las ideas, pero si el amor, el amor de servir,  el amor de vivir, el camino de hacer la voluntad de Dios.

No perder la alegría en el camino de la vida,  estar conscientes que somos  de tránsito,  ser arquitectos de nuestro camino, de construir familia sobre la roca,  en la roca de la humildad, para saber morir para volver al origen, al descanso eterno