El hombre tiene una lucha
incesante de buscar siempre la felicidad, se plantea todos los días objetivos,
que tiene que ser así. Pero qué pasa cuando has llegado a la cima?, en que se
transforma la nueva etapa de convivencia.
Se presenta el choque de las
palabras del ayer y del hoy, la decisión a tomar, dar un nuevo paso, en función
de los
resultados de haber llegado a la cima. El camino de la felicidad, pero
invade el rocío del miedo, que el sabor
dulce de haber llegado a la meta no se desvanezca en el paladar, pero la vida
tiene el orden de mirar el norte, el hombre en la angustia mira al sur, a la
historia, atrás, y la felicidad se
esfumo.
Donde quedaron los sueños y el
esfuerzo de llegar a la meta, si no estamos preparados para conocer que es el
amor, el compañero fiel en el caminar diario, pero invisible ante la mirada del
hombre, preocupado por ver lo tangible, buscando el tesoro que se corroe en el
tiempo, para recoger en la cima, las fatigas del cansancio exhausto.
Cuando el hombre se ha llenado de
sabiduría puede concluir que la vida es vanidad de vanidades, que la verdadera
felicidad es saber amar, que no se puede comprar con dinero, pero si, con el
gesto de estrechar la mano al prójimo, al cristo viviente. Que el verdadero
éxito, es llegar a la cima, caminando con amor, en la libertad, sin el miedo
del fracaso, sin el miedo de la traición, simplemente viviendo la unidad y el
amor.
Palabras que no se entiende con
la razón ni la inteligencia, ni tampoco hay definiciones, pero si el hombre se clausura en su propio ego, de no
vivir el día a día, termina llegando a la cima, con los miedos de volver a la
pobreza sin saborear la felicidad.
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