domingo, 14 de abril de 2019

El camino de la Vida

Para nacer hay una fecha segura, dando el primer grito a la vida, el grito de la seguridad a lo desconocido. El cambio rotundo de aprender todos  los días, desde saber pronunciar las  primeras palabras, el lenguaje de comunicación. El camino de: bebé, niño, adolecente, adulto y vejez. La verdad, que es frágil al pensamiento de los conceptos,  que  marcan huellas, de respecto a la ignorancia, de un deseo material insaciable, que cala en la identidad del hombre.  

Entre los dos puntos nacer y morir, no hay una ciencia, un manual a seguir, para gritar en el monte más alto de la vida, eureka, la epifanía de la salvación bajo inteligencia razonable. Discrepancias que enloquecen al hombre frente al dolor, a la pérdida de un ser querido o al mismo cáncer, una alerta amarilla que la muerte está en el umbral de la puerta.

Los miedos que abren la cortina de caminos escabrosos de la vida, apoyados ante el antagonismo  de escribir en la propia historia sin valor agregado, cubierto por el orgullo,  escondido de la falsa  piedad y humildad por llegar a la meta sin medalla. La tristeza crea las olas para ahogar a la verdad y morir, porque toca morir.

No debe ser así, el hombre tiene una misión, ser la luz para el prójimo, el faro de los navegantes de ilusiones, que guiara el rumbo luego de un oleaje de  tristezas, para caminar por la paz espiritual, donde no entra el mercantilismo de las ideas, pero si el amor, el amor de servir,  el amor de vivir, el camino de hacer la voluntad de Dios.

No perder la alegría en el camino de la vida,  estar conscientes que somos  de tránsito,  ser arquitectos de nuestro camino, de construir familia sobre la roca,  en la roca de la humildad, para saber morir para volver al origen, al descanso eterno

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