martes, 21 de mayo de 2019

Ser honesto


Hoy en día  se habla de corrupción, la noticia diaria, que está marcando el camino  para dividir al hombre con su razón, su ser  e imponer su verdad, su Yo, humillando al otro,  ¿quién está libre de culpa para votar la primera piedra?

Palabras implícitas van y vienen, aduciendo que se han perdido los valores y vivimos las consecuencias. Una verdad que se habla en los balcones de la eficiencia como la esencia de  rumiar la verdad sin acción y resultados.

¿Se han perdido los valores?, ¿que se hace para cambiar?. Nos quedamos en la ley, en el cumplimiento, “cumplo y miento”, engañándonos  a nosotros mismos, sin honestidad, pero nos consideramos profetas y maestros para dar clases de moral y honestidad, sin conocer la realidad de la vida.

Cuando se habla de honestidad, rajándose las vestiduras de pulcritud, juzgando al otro, desaparece  el amor de dar,  quedando el concepto en la mente del hombre como  el arma letal para atacar al prójimo, el jaque mate,  “Eres un corrupto y más palabras hirientes”
Una forma de hacer daño sin medir la consecuencia, permitiendo se haga elástica la ira hasta ganar una guerra del Yo, con los miedos de enfrentar la verdad, la debilidad de saber, ¿quién soy yo?, el miedo a la muerte  del ser, que se regocija en el sufrimiento, por un elogio efímero cobijado de la oscuridad de la tristeza.

Si la reacción y efecto ante la discordia es saber escuchar y callar, se ha ganado una guerra, la verdad a fluido, la honestidad ha extendido su raíz para ser frondosa, dando frutos de  sabiduría, para el verdadero visionario de construir sobre la roca. Ser un empresario, un Político, un maestro, un obrero, un empleado, un ser humano.

La sociedad necesita hombres honestos probados en la verdad. La respuesta la tenemos Tú y Yo.  ¿Soy honesto?

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