Los fracasos del hombre
por la razón
Hoy he podido escuchar que no tienen éxito, han fracasado,
todo les ha salido mal, a pesar de tener los requerimientos del mercado, de la
sociedad. Tener un título, conocimiento, volver a estudiar una maestría, un doctorado.
El requisito esencial de la sociedad, el SER.
Preguntas que nacen, el monólogo, de hablar a solas, de
preguntarse y contestarse. ¿Por qué me sale todo mal? Una pregunta que sale de
los más profundo del alma, donde el Espíritu se ha entristecido. He fracasado,
no sé, ¿qué hacer?
Hay respuestas, cuando el hombre entra en la razón, un
materialismo, un mercantilismo, de saciar el pan material, de no mirar más allá
de nuestro entorno. Mirar al mercado que tiene necesidad y hambre de guerra,
ira, de ser escuchado, sed de justicia. El hombre se prepara, estudia y busca
experiencia para saciar al mercado, ser reconocido.
La realidad, la barrera que se encuentra el hombre, una pared
que no puede ser derrumbada con la maquinaria pesadas de la ingeniería civil,
de la arquitectura. Es la ciencia que se encuentra sola, solucionando a su
manera, sin conectarse al sentimiento, al calor de la familia, de saber construir
familia.
El divorcio entre el conocimiento, el saber, y la educación,
familia. Se destruyen los sueños, la ilusión de saber vivir, de romper
paradigmas, para volver a empezar. Qué hay espacio por conquistar, tiempo para
invertir, empezar a caminar. Hay que quitar la cortina, el telón de tus
fracasos, de las caídas dolorosas, de beber el brebaje amargo. Pero hay que
correr la cortina de los miedos, volver a vivir, volver a sentir la alegría de
haber llegado a la cima, al balcón del éxito.
Necesitamos ir mar a dentro, encontrarse con la soledad, la
tristeza, la ira, la misma soberbia, que han nacido en el corazón, que te han
encarcelado, prisionero de la razón, buscando el culpable de los fracasos, de
las caídas. Hay que saber vivir en medio de los sufrimientos, el nuevo cambio,
los nuevos vientos.
Este encuentro, solo a sola, el encuentro de lo íntimo, el
escrute de las miserias, para poder escuchar la verdad, escuchar el canto de la
vida. Es sumergirse mar a dentro con todo el peso de una cruz pesada, de no
poder más. Despojarse de las miserias del mundo, que el mercado y la sociedad exigen
para un triunfo precoz, efímero, sin vida. Despojarse del éxito de muerte.
Los nuevos vientos es reconocer que no eres nada, un pobre
pajarillo débil, que quiso cantar con su razón, en medio de las tormentas del
poder, de las injusticias. Vivir solo a solo, el despojo de las vestiduras de
la amargura, para dejar que Dios entre en tú vida, escuchar la palabra de vida.
El nuevo éxito, ya no de mercado, de mundo, es con la
reconciliación del conocimiento científico, lo académico con la educación de
familia, la sabiduría. Ser uno solo, vida y ciencia, los nuevos retos por
conquistar, de votar la red en tú propio mar.
La verdad es eso, es simple, es real, es vida, pero cuando ya
estoy libre. Las palabras pronuncian los frutos de amor, de la misericordia, el
amor al prójimo.
La simplicidad para llegar al éxito, sin barreras, libres
como el viento, sin razonamientos lógicos, sin buscar un protagonismo, sin
buscar el sueño americano, simplemente saber vivir.
El fracaso del hombre es perder la esperanza, dejar morir el Espíritu,
entrar a la eutanasia de la tristeza para morir sin identidad, morir sin haber vivido
y disfrutado de la vida. La esperanza se
la encuentras en Dios, darle el permiso para que pueda entrar.
El verdadero éxito es tener el discernimiento de un aparente
bien, la sabiduría de Dios.
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