El hombre quiere ser feliz con metáforas
El hombre quiere ser feliz, busca los caminos, los busca,
pero no puede llegar, porque el camino son nuestros propios pasos. Están ahí,
que no se pueden ver, porque se los mira con la razón, de realizar caminos
razonados, caminos de competencia, caminos de triunfo, con un intelectualismo
de soledad y egoísmo.
El buscar la felicidad con la razón, te hace caminar sin
dejar huella, porque se convierte en una preocupación injustificada, de
imaginar y confirmar que una idea es real sin la ejecución de una decisión. Se
crea la distancia entre la razón y el amor. Una brecha de no saber amar, de no
vivir la sustancia del prójimo, quedarse en la vereda de una avenida, con una mirada
de soledad y tristeza, con el engaño que falta poco por llegar a la felicidad.
Por la búsqueda de la felicidad el hombre siempre termina olvidándose
de caminar hacia uno mismo, de llegarse a conocerse y saber ¿Quién soy yo? Se
presenta un distanciamiento real del tiempo, de no vivir el hoy, el abrazo de
familia, el abrazo de amigo, el abrazo de estar vivo.
Llega un momento, un instante, que la felicidad no la vives.
Se lo ha buscado, como el juego de un niño, lo busco por los rincones, por el
desván, siempre la búsqueda en los lugares oscuros, en los lugares estrechos,
donde la inteligencia trabaja, mediante cálculos, la mercancía de la felicidad.
Son los errores más grandes que comete el hombre en buscar la felicidad en:
SER, RECONOCIDO, TENER.
El tren pasa, queda la locura de la razón, en la búsqueda de
los porqués, las interrogantes que estoy haciendo, a donde me llevan todas las
decisiones tomadas. Unas acertadas, otras con sufrimiento, con ira, simplemente
de impotencia. Pero al final del día, siempre estará una palabra esperando ser
escuchada, pero hay que vencer los miedos, para poder escuchar la palabra de
Dios.
La felicidad no llega, si entran los miedos habitar en la
casa interna del hombre. Dominan a la razón por el mismo hecho de querer encontrar
una felicidad fácil, sin el esfuerzo de amar, dar, sin buscar recompensa, sin
un protagonismo de hombre, de razón.
Hay que saber caminar, dar un paso con profundidad, en
seguridad, en verdad, la huella que necesita el prójimo para empezar amar, Que
son las reglas para encontrar la felicidad, la sencillez de estrechar la mano,
dar paz, el reflejo de la creación del hombre a imagen y semejanza de Dios.
No podemos comprar la felicidad, es un camino a uno mismo, de
poder ver con los ojos del alma, de pintarse en el lienzo que la vida nos da.
De poder entrar a la sencillez, a beber el agua del manantial de la vida, el
manantial del propio ser, el manantial de la creación de Dios.
Nacemos para ser felices, nacemos para enfrentar las
corrientes de las indiferencias de la propia vida. De enfrentar y guerrear con
las armas de la sabiduría, de vivir para el otro, para la familia, para el prójimo.
La felicidad se construye todos los días, se complementa, se
ama. Son las armonías que se presentan cuando se vive la realidad, se vive prójimo,
se vive familia, se vive lo que se debe vivir en libertad.
La vida es felicidad, por lo tanto, no es un intelectualismo,
no es riquezas, no es un tener, no es un acontecimiento, no es un objetivo o meta.
La felicidad es la expresión que uno canta a la vida, desde el momento que uno
se levanta hasta el instante de volver a dormir, el descanso de la razón.
Vuelvo a vivir, vuelvo a soñar, vuelvo a cantar, vuelvo a reír,
vuelvo amar. Felicidad soy YO.
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