El silencio del hombre
La importancia del hombre que empiece a vivir el silencio, a
vivir la paz espiritual, para poder vencer todos los miedos, todos los
complejos, que son barreras a destruir, para dar un paso, caminar y dejar
huella.
Por lo general nos quedamos en hacer bulla, generar un ruido,
estruendos, como el mismo sonido de un cuete que anuncia que es la hora de una
fiesta, la alegría pasajera sin sentido, sin un por qué, sin el sabor de vida.
La concurrencia de voces sin ser escuchadas, pero de vivir el momento, la
espontaneidad de alegrar el sufrimiento.
La realidad del hombre a no enfrentarse al miedo, de vivir el
silencio, de encontrar la verdad. Por el mismo miedo que no querer ser lo que
tiene que ser. Es decir, de vivir sabiendo que no está bien, que debe tomar una
decisión, pero no la toma por ese inmenso miedo de lanzarse al vacío sin un porque,
y, busca el culpable de los males, de la mala suerte. “Dios no existe”.
Llegan los problemas, las consecuencias, de no poder entrar a
vivir el verdadero silencio, el silencio de la paz, el silencio de Dios, el
silencio de escucharse a sí mismo, que soy una miseria, que necesitamos una
fuerza externa, una mirada, una elección, y tú propio SI, para que pueda actuar
Dios. Escuchar la voz del amado, la voz del padre, la misericordia al hijo
prodigo.
Pero la terquedad del hombre en buscar la felicidad, lo que
exige el mundo, las exigencias de la sociedad, de vivir el club de metáforas,
el comité de lo irreal. De vivir los ruidos confusos de tú propia vida, de
vivir lo cóncavo y convexo, la vida de político y a su vez la vida de una
santidad sin Dios. Que nos es otra cosa de vivir los caprichos de la
infelicidad, de no saber vivir el silencio, escuchar a Dios.
De vivir la felicidad de la razón, de la inteligencia que te
hace creer que tienes sabiduría, cuando en la realidad es un silencio
momentáneo de soberbia, de expresar desde el interior que eres superior al
otro. Cuando el verdadero silencio te lleva a vivir para el otro a callar por
amor, por misericordia.
La importancia de poder vivir el silencio, porque descubres
que, en lo más profundo del ser, el hombre vive esclavo se su propia realidad,
de su concupiscencia, de no mirar al frente, de mirar siempre al egocentrismo
de una inteligencia artificial, de buscar culpables a todos los errores y
caídas durante el caminar.
El silencio te desnuda de la soberbia, de la docilidad de
caer ante una tentación, la debilidad a los placeres de la vida. Lo que da
origen a la inseguridad y a su vez por el mismo miedo a la inseguridad el
hombre busca el reconocimiento, el tener dinero y la fama. Pero trae un
problema serio, que es la rivalidad de uno mismo.
Una rivalidad donde la razón te ataca con el pasado, el si
hubiera hecho tal cosa, porque tome tal decisión. El Futuro, que será de mí,
tendré éxito, y más cosas que el hombre es atacado por la mente, difícil de
poder entrar a vivir un silencio.
Estos miedos de vivir el silencio, el hombre da saltos a la
vida de forma insensata, que representa no tener un qué y por qué. Pero cuando
ya tienes una experiencia de vivir el silencio, el dialogo con Dios, el hombre
ya da un salto a la vida de una forma confiada, de saber el por qué, pero sin
saber el cómo, que no es otra cosa romper paradigmas.
Estamos llamados todos los días a emprender, romper esquemas
y paradigmas, caso contrario entramos a vivir una vida de mendicidad, de
ponerse la ropa de un mendigo, que le tenga pena, el pobrecito. Cuando el
verdadero tesoro, el diamante está afuera, se lo busca y se lo encuentra en el
silencio, solo a sola, Dios y Tú.
Blaise Pascal
ya lo decía "El hombre no es nada comparado con el
infinito." "Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de
no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación."
El hombre sin Dios no es nada.
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