¿POR QUÉ SUFRE EL HOMBRE?
El hombre por su naturaleza, siempre le ha tenido miedo de
enfrentarse al sufrimiento, el caminar diario donde se encuentra las respuestas
en relación directa al razonamiento de vivir la verdad, de tener la FE adulta,
saber escuchar para ir por un camino distinto a lo planificado.
El Papa Francisco nos da a conocer “QUE EL DOLOR Y LA ENFERMEDAD,
A LA LUZ DE LA FE, PUEDEN CONVERTIRSE EN FACTORES DECISIVOS EN UN CAMINO DE
MADURACIÓN”. Para esto hay que vencer el miedo de aceptar que es esclavo de las
pasiones, del intelectualismo que crea el ego de SER, para trasformar en una
humillación, vivir en la angustia de dolor e impotencia de no saber amar.
El entrar en el sufrimiento de Hombre, se crea la cortina de
no poder ver la luz, esclavizando el Alma mismo de vida, donde el Hombre deja
de pensar, discernir, tomar decisiones, para matar al Espíritu de DIOS, pasar a
vivir el sentimiento de culpa, los “porqués”, que termina enloqueciendo, perdiendo
su Identidad.
Para vencer el miedo, en primer lugar, de aceptar que soy
débil, que no hay fuerza de Hombre que pueda vencer, por más potencia de valor
que haya, no poder controlar, porque neutraliza la capacidad de pensar, sea en
lo físico como emocionalmente. Es como quedarse inicuo a la verdad, vivir la
eutanasia de la vida.
El vencer el miedo es el descendimiento de las teorías,
conceptos no aplicables dentro del aprendizaje real, donde se une la sabiduría
con la inteligencia, para enfocarse en el sufrimiento como la oportunidad de
crear, revivir la resiliencia, para emprender en los sueños, de abrir las alas
y volar, descubrir nuevos horizontes. Es poder ver las oportunidades,
acogerlas, por ser un Hombre libre, que rompe paradigmas, tenerla de compañera,
ya no como un dolor o miedo al fracaso, a la inestabilidad emocional.
El miedo al sufrimiento debe ser una empatía, el desarrollo
partiendo desde los errores cometidos, las caídas dolorosas, que es el
aprendizaje de la Escuela de la Vida. Que será el escudo para protegerse de los
patrones de la sociedad que pasa en constantes letanías de lamentaciones, de no
poder salir de embrollo económico, mental y político.
Las circunstancias de enfrentar el sufrimiento, permite al
hombre ser libre, con una Identidad Emprendedora, de sembrar en los surcos de
una tierra productiva, de comer de los frutos cosechados con el sudor de la
frente. Vivir en la verdad, que es DIOS, acoger la cruz gloriosa, de cargarla
ya no como un peso, si, como vida, la fuente de la sabiduría, “SER POBRE DE
ESPÍRITU”
El poder bajar los brazos frente al sufrimiento, es pasar a
la voluntad de DIOS, vivir la humildad, cimentado en el Espíritu de DIOS. En
otras palabras, es volver los ojos a DIOS, gritarle de no poder caer en la tentación,
como una gracia, el respeto entre Padre e Hijo.
El sufrimiento que dignifica al Hombre es cuando es probada
la FE, de reconocer ¿Quién es Dios en la vida del Hombre?, no ser débil ante
las concupiscencias reales del mundo. Sí es sí, de ser frágil ante una
tentación, el miedo del razonamiento de no sufrir, invade a un pánico de nuevo
de los “porqués”, el monologo de preguntarse y responderse, hasta producir la
locura de apostatar que DIOS, no existe.
Hay una verdad que el Hombre ignora, que el sufrimiento llega
cuando el Hombre es esclavo, que es el gran enigma de no saber que esclavitud
tiene, porque estamos en un tiempo de la normalidad, que todo es permitido,
pero de no aceptar las consecuencias de una decisión tomada dentro del contexto
de la: soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia, pereza.
El permitir por ejemplo que la lujuria domine a la razón, le
es permitido saciar el deseo para dar origen a un adulterio, fornicación, etc,
destruyendo a los inocentes que es la Familia. Las respuestas frente a estos
sucesos se dan los legalismos, el relativismo moral, la justificación, el
individualismo, que desaparece el discernimiento, para quedarse la razón e
inteligencia personal.
Como prevalece ya la razón, no hay la pregunta porque me
llegan los acontecimientos, invalidando la consecuencia, para vivir la mala
suerte, el fetichismo intelectual y razonado, entrar al callejón de una
oscuridad, la esclavitud de las pasiones, el sufrimiento de una muerte del SER.
En medio de esa esclavitud, la oscuridad, el Hombre no pierde el libre albedrío, de morir a la razón y levantarse, tomar la decisión de seguir el camino del HIJO PRODIGO. Tú eliges.
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