lunes, 3 de marzo de 2025

NUESTROS HIJOS, NUESTRA JUVENTUD TIENEN MIEDO DE SUFRIR


Hay preguntas que se hace el Hombre y se responde a sí mismo, un monologo, de saber que la vida de hoy es más fácil, por ende, no hay sufrimiento, pero la realidad es otra. Que, hoy hay más sufrimiento, más tristeza, más vacíos de la vida, una insatisfacción de no saber el norte, a pesar de tener la información a la mano, pero lamentablemente es utilizada para vivir en una esclavitud de   pensamiento, sin discernimiento.

 

Nos encontramos en una carrera contra el tiempo, la enfermedad llamada estrés, con las conductas de los trastornos de ansiedad, alimenticios y adictivos. Que el joven empieza a vivir para el YO personal, que se suma toda la actividad socioeconómica de una sociedad que ha perdido los valores, se va destruyendo DÍA a DÍA la Familia, por las tormentas de vivir bajo el conocimiento científico, de la nueva era, la INTELIGENCIA ARTIFICIAL, que lleva al camino de dar soluciones a las necesidades sin el esfuerzo, no hay constancia, peor saber emprender, no se da la siembra, para cosechar.

 

El conocimiento científico no es malo, debe haber investigación, como un servicio al Hombre, pero sin apartarse del origen de la vida, de la verdad que es DIOS. El problema nace ahí, cuando nosotros como padres no trasmitimos el valor de la FAMILIA, la Santa Familia de NAZARET, que vivan en Humildad, Sencillez y Alabanza; el otro es CRISTO (Tomado del icono de la Virgen María del Camino Neocatecumenal, pintado por Kiko Argüello)

 

Los jóvenes, que son nuestros hijos, son una esponja que absorben todo lo que hacemos como: Padres, Hermano, Hijo, si tenemos una doble vida. Una vida para el servicio del hombre o la vida de SER, de ponernos atrás de Jesucristo, de seguirle, reconociendo que es DIOS, que nos viene a liberar de nuestras concupiscencias, o la misma libertad que DIOS da la Hombre, el libre albedrio, de ponernos delante de Jesucristo, hacer mi voluntad, SER YO, DIOS de mi vida.

 

Es el problema, los razonamientos, la hipocresía (proviene de la palabra griega “hypokrites”, que significa actor), siempre la actuación para no ser feliz, pero sí una felicidad ficticia, sin sufrimiento, el poner la cortina, evadir la consecuencia de los errores, de las decisiones, no vivir la expresión del corazón, el amor del prójimo.  El Santo Padre Francisco en su encíclica DILEXIT NOS (EL NOS AMO), hay una parte que expresa: “Al mismo tiempo, el corazón es el lugar de la sinceridad, donde no se puede engañar ni disimular. Suele indicar las verdaderas intenciones, lo que uno realmente piensa, cree y quiere, los “secretos” que a nadie dice y, en definitiva, la propia verdad desnuda. Se trata de aquello que no es apariencia o mentira sino auténtico, real, enteramente “propio”. Por eso a Sansón, que no contaba el secreto de su fuerza, Dalila le reclamaba: «¿Cómo puedes decir que me quieres, si tu corazón no está conmigo?» (Jueces 16,15). Sólo cuando él le contó su secreto tan oculto, ella «comprendió que él le había abierto todo su corazón» (Jueces 16,18).”    “Si el corazón está devaluado también se devalúa lo que significa hablar desde el corazón, actuar con corazón, madurar y cuidar el corazón. Cuando no se aprecia lo específico del corazón perdemos las respuestas que la sola inteligencia no puede dar, perdemos el encuentro con los demás, perdemos la poesía. Y nos perdemos la historia y nuestras historias, porque la verdadera aventura personal es la que se construye desde el corazón. Al final de la vida contará sólo eso”   

 

Es la realidad que nuestros hijos, nuestros jóvenes han dejado de aprender de la Escuela de la Familia, nos hemos quedado con la Inteligencia, el daño que estamos haciendo de ofrecer hijos a la sociedad más débiles, que no pueden enfrentar una caída, el aprendizaje de la vida.

 

No es fácil aceptar que nuestros hijos no saben sufrir, no tienen la experiencia de Jesucristo resucitado, que entran a vivir la muerte óntica del SER, de no tener la esperanza. La respuesta está ahí, que el amor del corazón se ha esfumado, se desvaneció el poder de la palabra, para dar paso al ateísmo intelectual, de fomentar que el hombre es capaz de romper barreras.

 

Pero hay una cosa, la realidad de la juventud no quiera saber de matrimonio, hijos, etc.  Pero una sociedad se forma con FAMILIA, el aporte de la sabiduría con la Inteligencia, para discernir, tener hijos fuertes, con el sufrimiento, una resiliencia de abrir nuevos caminos.

 

Es tú decisión de salvar a nuestros hijos.

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