LA CULPA DE MI FRACASO, ES DEL OTRO
La arrogancia del Hombre que le hace vivir una libertad
falsa, de creer que es libre, le permite sus propios estándares de vida, una
vida de confort, la vida del SER, la vida de vanidad de vanidades, que
representa un ego de no aceptar equivocarse, si lo hace, la culpa es del otro.
Es la realidad que nuestra vida actual, empezando desde el Gobierno Central,
que no ha habido la mesa servida, la mentira que no le deja gobernar.
¿Por qué te prostituyes?, la respuesta, por las causas no
definidas de la sabiduría, nos quedamos en el razonamiento, la inteligencia de
no ser tildado como ignorancia, pero si, de inteligente egoísta. No poder, ver
más allá, de las vivencias de una pobreza de Espíritu, quedarse en la
definición de prostitución en lo referente a vender el cuerpo por dinero, pero
no expandimos la idolatría por el dinero, que no vende su cuerpo, pero vende su
alma a los bajos instintos de vivir en el bajo mundo de esclavizar el poder en
el sometimiento de su prójimo, en lo ilícito, el facilismo, de no llevar el pan
con el sudor de la frente.
Una verdad que ciega al Hombre, para buscar un culpable, la
historia trazada bajo su razón, pero siempre la soberbia de culpar, apuntar al
otro. La respuesta fácil, sin identidad de un hombre libre, viviendo por saciar
las concupiscencias sociales, de un poder oculto bajo una ley, teoría, que
defiende la frialdad de un poder democrático escondido, para ejercer con mano
de hierro la crueldad de un hombre inteligente que vive para sí mismo, sea en
lo político, empresarial, religioso, comunal, etc. En definitiva, el Hombre sin
DIOS, el Hombre de sus conquistas, esclavizado en su propia conquista.
El hombre sin esperanza, que vive para culpar al otro de los
fracasos, que no son las caídas, son lo relacionado que no sabe amar, que le
permite alienarse en la estupidez de los pensamientos, de perder la identidad
de un hombre libre, perder su capacidad de discernir, para vivir bajo los
efectos del YO personal, en la gula de todo para mí, creando falsos profetas,
que pueden cambiar el mundo, sin querer cambiar tú propia vida, a un caminante
con esperanza.
Un hombre que le tiene miedo caminar a pie, que representa
conocer la identidad de un pueblo, que grita cambios, grita libertad, grita que
no quiere ecos de voces, el silencio de una ira, de vivir bajo la sombra de un
miedo a encontrarse con la verdad, de no culpar, pero aceptar la consecuencia
de los errores, la libertad de pensamiento, para vivir de sabiduría.
Es hora de no culpar los errores o malas decisiones,
levantarse, vivir un nuevo hombre, que tenemos un tiempo de reconciliarnos, los
cuarenta días, la Cuaresma, vivir la Resurrección. Pero es necesario vivir la
gracia de DIOS, alzar los ojos a DIOS Padre, caso contrario la vida seguirá
igual o peor. Necesitamos tener una esperanza, no de hombres que prometen,
pero, sí, de Espíritu, sabiduría, amor a ti mismo, para dar amor al otro, ya
sin culpar.
Estamos viviendo un tiempo de acusaciones, ¿Quién ha robado
más?, corrientes políticas con dogmas, sin pragmatismos, que llevan al caos al
pensamiento filosófico, como el Racionalismo de su razón para afirmar una
verdad; el Empirismo que basa en la experiencia como el verdadero origen del
conocimiento.
Nos olvidamos que el hombre es una persona con capacidad de
discernir, diferenciar entre el bien y el mal. Pero ese mismo razonamiento del
mal que lleva el Hombre dentro, crean corrientes de Izquierda o Derecha,
políticas de mercado esclavizante, perdiendo la dignidad del Hombre, dando
origen la polarización de una brecha social, sin el fundamento real de una
política de estado.
Es importante de no aferrarse a una verdad relativa, a
proyectos políticos, ya lo decía nuestro Papa Francisco “Ningún proyecto humano es Inmaculado,
ningún proyecto político puede presentarse como si fuera el cielo en la tierra,
porque sacralizar lo político solo creará más frustración o derivas
totalitarias”.
Sí, buscáramos ser libres, de la idolatría en pensamiento, el
Hombre dejaría de culpar de los fracasos al otro. A la final tú decides vida o
dolor.
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