¿El incremento del IVA, no afecta a la clase popular?
Cuando el hombre se cree demasiado inteligente, el ego por
encima de la razón, se da una respuesta que la propia razón se subordina a la
inteligencia, para cambiar el norte de Dios, el norte de la vida, a un norte de
sus propios egoísmos, creando su propio intelectualismo, el diccionario de sus
verdades, el vademécum de un poder solitario, una impronta de una quimera.
Se crean conceptos de discriminación, del buen vivir, bajo
los parámetros que no reflejan la esencia del hombre creado en Espíritu y
verdad, que se refleja en la sabiduría para tomar decisiones coherentes al buen
vivir bajo la palabra de Dios.
Es el hombre en su ignorancia que crea la brecha de ricos y
pobres, inteligentes con un coeficiente intelectual del cien por ciento y los
de coeficiente intelectual cero (llamados retardados). Se podría decir la
estupidez de la inteligencia que gobierna la razón para definir los grados de
inteligencia y clases sociales que etiquetan como no aptos para estudiar o
consumir los productos de la tierra con un valor agregado.
Se permiten clasificar de que deleitarse, saborear en el
paladar, por ejemplo, el caviar un producto exquisito que puede ser pagado y
consumido en restaurantes cinco estrellas, pero el contraste de este mismo
alimento por los pescadores, clase obrera se llama “las huevas del esturión”. Lo mismo ocurre con unos huevos a la copa
con su característica de ser poco cocidos, el campesino, el obrero, el
profesor, las masas populares lo conocer como “huevos tibios”. Diferencias que
crea el hombre para sentir y vivir las vanidades de un ser angelical, que se
merece ser diferente a los demás, pero con el mismo final de morir, convertirse
en polvo y ser olvidado.
Es el encanto glamour que discrimina, crea conceptos. ¿Qué una medida económica, el incremento
del Impuesto al Valor Agregado (IVA) no afecta al pueblo?, no afecta a las
familias porque no saben consumir, ni tampoco lo necesitan para sobrevivir. La
ironía más cruel y razonada, pero que decimos del Internet para la educación
que forma parte de la canasta familiar, las salidas en familia a un parque
recreacional, que es esencial para construir familia, una tarde de cine, etc.
Con su razón etiquetan, que es prohibido para una familia popular, que tienen
ingresos promedios de $600, que no cubren la canasta básica familiar $784,
según el Consejo Nacional del Trabajo y Salarios (CNTS), que puedan tener una
educación con tecnología, una vida de un ser humano, con la verdadera dignidad
de hijos de Dios.
Es el lenguaje de la clase política, del gobierno, de
presentar una excusa, un paréntesis para sugerir y evitar lo ofrecido en la
campaña electoral, que le permitió llegar al poder del pueblo, sin la
experiencia de crear, ejecutar y monitoreo, de las políticas sociales como:
Salud, educación, vivienda, seguridad, movilidad humana. Políticas que no dejan
que un pueblo se desarrolle, pero si toman decisiones bajo el impulso de las
emociones, pasiones, sin la sabiduría de hombre, perdiendo el poder de la palabra
y la verdad.
Todo esto implica que el pueblo se quede en la ignorancia, no
despierte de los falsos sueños, y se conviertan en quimeras sus ideales, donde
la esencia de la conciencia, de hombre, padre, esposo, ya no sirva para
construir familia y se transforme en una migración. Se convierten ya en
debilidades de un pueblo que vive sumido en la desesperación e ignorancia, para
que el gobierno tome y pueda anclar medidas económicas sugeridas por Organismos
Internacionales.
Una medida económica es efectiva, cuando no pierde su verdad,
no pierde el poder de la palabra, la esencia de la sabiduría, de proteger al
más débil, en educación, salud, vivienda y seguridad, para abrir nuevos
caminos, construir sobre la roca, la esencia de la vida.
Es hora de volver a casa, volver alzar los ojos a Dios, buscar la fuente de la vida, emprender con sabiduría, crear empresa, reactivar la economía, pero siempre es una decisión en el libre albedrío, en una libertad de pensamiento, palabra y moral.
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