martes, 20 de febrero de 2024

 

La verdad frente a mi verdad

 

Que difícil poder definir a la VERDAD, como la salvación del hombre, frente a la turbulencia del diario vivir, de entrar a vivir, una oscuridad, sin saber que tú verdad es verdad, para poder vivir la paz en función directa de las decisiones tomadas. Una realidad por mantener tú verdad, dejar que se vayan, se esfumen un verdadero amigo, que so los pilares, fundamentales para poder transcender en el círculo diario de la convivencia, que es la paciencia, donde el hombre, muere a su razón, y vive    la existencialidad del encuentro entre Dios y el hombre.

 

La verdad es eso, una libertad de actuar, dejar libre a tu enemigo que es la razón, la levadura del mundo que te ofrece: Ser alguien, fama y dinero, a costo de sangre inocente, esclavizar tú verdad como absoluta, la terquedad de SER YO. No es que no sea necesario el SER UNO MISMO, pero es diferente cuando se entra al SERVICIO, en el amor propio de dar, escuchar, amar, como una verdadera evangelización, una forma de comportarse prójimo. La diferencia de la verdad y mi verdad.

 

La esencia de la verdad, la creación perfecta del universo, del hombre que es el amor, el servir al otro, una verdad que permite al hombre vivir, construir familia, ser el faro para construir camino, dejar huella, desaparece el egoísmo para un fruto en las nuevas generaciones, los hijos de tus hijos. La verdad de la razón llamada egocentrismo que destruye la familia, sustituyendo el amor por la ley, el cumplo-miento, toca hacer, no me queda más. En definitiva, no hay la acción de servir, de dar sin esperar nada a cambio.

 

La consecuencia de buscar la verdad fuera del contexto del libre albedrio, que permite a su vez que el hombre se convierta en un juez, juzgar, determinar una sentencia sin tener la verdad, simplemente una hipótesis, una suposición razonada que genera un mal. Es el problema general de la sociedad el egoísmo de no permitir avanzar, marcar el propio terreno, permitiendo espejismo de crecer sin resultados, de competir, ganar en mi verdad, en la razón, pero en la verdad hay un camino sin voluntad, sin el norte.

 

Ganar no es llegar a la meta, competir no es llegar en primer puesto, el primero no es ser inteligente, audaz, chispa, pilas. El verdadero éxito de la verdad está en perder, para saber quién es tú amigo, quienes están a tú alrededor y por qué. Toca descender, entrar a tomar un brebaje amargo que te da el otro, el que crees que es tú amigo, pero es la solución para volver a enrumbarse al camino de la verdad, ya no mi verdad. Es encontrar el discernimiento, el nuevo rumbo, que la vida es vida cuando se encuentra el tesoro, la perla preciosa, el amor al prójimo, el verdadero éxito de ganar en una competencia, de morir a la razón.

 

No es fácil entrar en la verdad, no es fácil entrar en el camino de servir, no es fácil encontrar un amigo, no es fácil borrar un egocentrismo, porque es primero mi verdad, la razón razonada de una superioridad, de una metáfora como verdad, donde nace el miedo a una soledad, al encuentro de uno mismo, sin el sabor de la vida. La tristeza de haber llegado a la meta, pero hay una insatisfacción de una verdad que no es verdad, de entrar a vivir el desencanto del éxito, el desencanto del amor que nunca fue amor, una pasión emergente que nació de una razón confundida como verdad, que con lleva a vivir la sequedad del poder, la ausencia de lo planificado.

 

Una pena y tristeza a su vez, cuando el hombre pierde el discernimiento, deja que se quede en el infinito, en la verdad mía propia, porque se encuentra siempre viviendo planificaciones, metas, sin la pisca de sal, para salar una decisión.

 

La verdad es verdad, cuando puedes discernir que llegar a la meta se da cuando se visualiza, se concreta, se conoce el camino de batalla, una decisión de perdedor para el otro, de fracaso. De llegar primero sin haber ganado una competencia.

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