domingo, 5 de noviembre de 2023

 

Sin identidad no hay emprendimiento.

 

La inteligencia, permite al hombre en tomar decisiones en función directa a su bienestar, crear un consumo de satisfacción básica, más un consumo de vanidades de vanidades. Esto implica que se genera un desperdicio, un egocentrismo de ser, de mirar por el perímetro personal, de confort y seguridad material, sin importar la seguridad espiritual, la sabiduría de hombre, para enfrentar las tres fases de la vida que se debe pasar, sin excepción: Enfermedad, vejez y muerte.

Estas tres fases permiten al hombre bajar a vivir la realidad, de aprender a vivir como prójimo, de recuperar la identidad de hombre, como una verdadera creatura de Dios. De poder mirar, ver y vivir de forma real las necesidades, sean materiales como espirituales. Porque el hombre es creado en Espíritu, más no materia como algunos lo afirman.

 

Esta afirmación de ser Espíritu, permiten al hombre en potenciar su identidad en: Familia, cultura, emprendimiento, ciencia, nacionalidad, etc. Tomar decisiones en relación a sus sueños, caídas o tropiezos, de transcender, dejar huella, para romper esquemas o paradigmas.

 

Lo que permite visualizar concretamente la verdadera realidad a la que se debe enfrentar un verdadero Emprendedor, un camino pedregoso, de allanar a través de la constancia, de su propia identidad, para vencer los espejismos, complejos, dualidades, que tiene el hombre. Vencer los pensamientos negativos, hay mala suerte, no poder cumplir su sueño, llegar a la cima, la meta y permanecer ahí.

 

 

Por lo cual, que el emprendimiento tiene su propia identidad, que va acompañada de la identidad del hombre, para hacer un solo objetivo, un solo sueño, con una segmentación de mercado. Pero hay una debilidad, amenaza para el emprendimiento que es el divorcio entre el conocimiento científico (el cómo hacerlo) y la educación de familia (lo voy hacer), la no comunión, que no permite florecer al emprendimiento, por la falta del condimento de la SAL.

 

 La función real e ignorada por el emprendedor, de aprender a SALAR, que no es otra cosa el SERVICIO, llamada también la Identidad de hombre.  Es el problema que se vive a diario, la pregunta del porque no florecen los emprendimientos, no se reactiva la economía, no hay fuentes de trabajo, pero hay profesionales de tres universidades, que no están en capacidad de emprender.

 

 Como no hay la pisca de sal, para salar a la sociedad, evitar la corrupción, aprender a valorar lo propio, lo nuestro, puedan morir a los miedos y despojarse de un intelectualismo de inferioridad que se esfuma la nacionalidad, la identidad, de saber ¿Quién soy yo?

 

Se crea otra debilidad para el emprendimiento, la ausencia total de su identidad, su misión, no tener su propia impronta, la fuerza para vencer los sismos sociales. Si lo tuviere, el emprendedor se convierte en el trapo u harapo para limpiar el vidrio, el telón de las oportunidades, mostrar que las oportunidades están ahí presentes. Qué la vida es de ponerle sabor, volver a construir familia, recuperar la Identidad, que es el cimiento, la estructura para crear un emprendimiento.

 

Como la familia no se encuentra arraigada a la estructura de la sociedad, que exige y exige, por lo que el emprendimiento no se encuentra fortalecido para enfrentar a la exigencia de un consumismo mercantilista, de no valorar lo nuestro. Es el gran divorcio que se explicaba entre la academia (Universidades), que no compensa el vacío que trae el Emprendedor desde la Familia, de no potenciar sus habilidades, donde su resiliencia (el coraje para vencer los tropiezos), es nulo, etiquetándose como un perdedor.

 

La etiqueta de perdedor, el emprendimiento nace con un ala rota. De tener conocimiento teórico sin experiencia, o las ganas de emprender sin el conocimiento de cómo hacer el proyecto del emprendimiento (un plan de negocios).

 

Se ahonda la brecha del desempleo, sumándose un dolor más grande, de no poder recuperar la inversión que realiza el Estado y la familia, en formar un profesional. Se refleja el gran divorcio entre el conocimiento científico (academia) con la educación de identidad y valores (Familia).

 

El no tener identidad, se pierde el norte, crean sus propios conceptos que emprender es un juego de azar, comprar el guachito de lotería y ganar el premio mayor. Así se queda la ciudad, mirando al aire y buscar un culpable, que Loja no tiene empresa.

 

Es una pena que Loja tiene emprendimientos de productos de calidad y no florecen. Pero si tienen mayor oportunidad productos de marcas extrajeras, con una imagen ya posicionada en el mercado, que el pueblo hace colas para comprar sin pedir rebaja, con la alegría que le vean que está consumiendo.  Estimo que ignoran que el capital recaudado por empresas extranjeras a la ciudad se lo llevan fuera y no lo vuelven a invertir, se da la fuga de capitales.

 

Puede un emprendimiento competir si no hay identidad de “consume lo nuestro, consume producto Lojano”.

 

Te pregunto: ¿Tienes identidad?

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