El hombre cree en Dios, pero vive su espejismo, su propia felicidad
La inteligencia del hombre está rompiendo esquemas con
relación a la creación de Dios, de un hombre de Espíritu, con discernimiento,
de poder reconocer lo que es la luz de una luz de tinieblas. Porque estamos
viviendo una nueva etapa, un nuevo camino de inteligencia de hombre, de la creación
de una nueva esclavitud, de una esclavitud de espejismos, la esclavitud del
miedo, de no sufrir.
Un nuevo giro, de una vida sin amor, con una nueva filosofía,
el nacimiento del TRANSHUMANISMO, que se enfoca a una nueva cultura intelectual
de conocimiento científico, del aprendizaje y lenguaje. La búsqueda de
respuestas del universo, respuestas del más allá, de querer topar del árbol de
la vida.
El hombre entra con su inteligencia, lo que busca es tener
una vida sin sufrimiento, de vivir los espejismos, la planicie de los sentidos sin
complemento, sin el mínimo esfuerzo de sobrevivencia, para descubrir los
encantos de la creación de Dios. De vivir sin un porque, sin la creencia de
Dios, una vida hueca, nada, sin valores, el hombre “nihilistas”.
Con estos nuevos
pensamientos, con el conocimiento tecnológico, afecta a la familia y a su vez
al más débil que son los hijos, la juventud, afectando al mañana, a la nueva
sociedad, cortando el cordón umbilical entre Dios y el hombre. Proyectándose a
una felicidad, matando en su razonamiento que el HOY, no existe, de vivir sin
la intensidad de saborear los frutos de la naturaleza, los frutos de la tierra,
lo frutos del amor. De no saber ni experimentar ¿Quién es Dios en tú vida?
Implica dar cambios estructurales en la familia, como la
ideología de género, donde el hombre pierde su propia identidad de no saber si
es hombre o mujer. Presentándose una lucha interna, la búsqueda de la
felicidad, la búsqueda de respuestas “Quien soy yo”. Las mimas que las
encuentras en la inteligencia artificial, donde la ESPERANZA no existe para el
hombre, se vive el egocentrismo.
Realidades que se las quiere tapar con un dedo, de no darle
la importancia necesaria, no es mi problema, mi familia no tiene ese problema,
es el otro. Se vive el individualismo y soberbia, la construcción de una nueva
Torre de Babel.
Este mismo egocentrismo y la razón del hombre, permiten vivir
en su propio intelectualismo, esclavos de su propio Yo, intocables, el Dios de
su conocimiento, de su mercantilismo social y sus propios miedos. Con lleva a
vivir una esclavitud de cadenas invisibles, de no poder aceptar la historia,
las raíces de la vida.
La razón frente a estas realidades, da respuestas para no
sufrir. No vejez, respuesta la eutanasia; no hijos, respuesta aborto; no leer
un libro, respuesta la inteligencia artificial; no amar, respuesta cambio de
sexo; no creer en Dios, respuesta el ateísmo. La razón tiene la respuesta
razonada, pero no tiene soluciones para la muerte del SER, la muerte del
Espíritu.
Es la nueva esclavitud del hombre, de vivir las
concupiscencias de la vida, el desorden social, de vivir por vivir, sin medir
las consecuencias, de cómo librase de las cadenas de la carne, de los placeres,
del intelectualismo y ciencia, en definitiva, de la soledad.
No todo está perdido, al final de túnel hay una luz. Una
ESPERANZA que se la puede hacer presente, para romper las cadenas de la
esclavitud. Un nuevo hombre, un hombre libre, un hombre de Espíritu y sabiduría.
El hombre libre que puede gritar a los cuatro vientos, Dios existe, está vivo.
Solo Dios puede vencer al mal, volver a nacer en Espíritu,
una nueva creación, reconstruir la familia, oler a cristo, ser prójimo. En la libertad que Dios creo al hombre, hay
una respuesta que tiene que dar el hombre, luego de haber caminado solo, de
experimentar que el mundo es muerte.
San Agustín ya lo dijo: “El que te creó a ti sin ti, no te
salvará a ti sin ti”
La respuesta es tuya, en tú libertad.
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