Es
hora de volver a casa.
El
hombre por dar soluciones a los problemas sociales, ha creado modelos
económicos, utilizados por los políticos dentro de su plan de gobierno, que a
su vez han terminado destruyendo al hombre, convirtiéndole en un ser sin
dignidad, esclavo de sus propias concupiscencias, sin poder pensar y discernir,
viviendo aislado de su propia comuna, de su familia, sin el cobijo de una
palabra de salvación, sin poder aprender amar, sin dar ni compartir.
Nacen
las inconformidades, las protestas, con los gritos: “abajo las medidas
neoliberales”. Gritando sin conocer e ignorando el concepto real de una medida
económica, sin el fundamento real para salvar al hombre de una crisis social y
económica. Sobre todo, de salvar la
vida, por los gritos de auxilio, que se encuentra en la búsqueda insaciable de
calmar la sed de justicia, la impotencia de poder aceptar y vivir con sus
propias limitaciones, de un razonamiento pobre, sin sueños, sin las ganas de
luchar, de romper paradigmas, de vivir sin esperanza.
La
gran verdad, pero sin soluciones, sin respuestas, al problema creado por el propio
hombre, por sus conceptos llenos de ignorancia, con una soberbia admirable de
tener la razón, la verdad que no salva, ahondando más en la crisis social, por
su propia idolatría, de querer ser Dios, por ser inteligente, distinto a los
demás, pero ha destruido la familia, el centro de la sabiduría, a vivir en la
soledad, el hombre sin Dios.
Nace
el individualismo de su propio egoísmo, de esclavizar al hombre, camuflado de
un apoyo, de un respiro financiero, una esclavitud de valores, sin ética, que
termina el hombre muriendo en sus propias decisiones, sin experimentar que la
vida si tiene solución, tiene felicidad, de poder vivir el propio cielo, que Dios
ha hecho una promesa al Hombre.
Esta
alianza que Dios hizo, la destruye el propio hombre, la margina porque hay una
inteligencia como Dios en el centro de la razón, el mismo que ha permitido que
se destruya el útero, la matriz de la vida. Ha permitido que la mujer sea
maltratada, vulnerada su esencia de mujer, de madre y esposa.
Se
rompe la comunión entre hombre y mujer, se forma el grupo feminista, con un
pensamiento cultural, económico y político, de buscar la igualdad de vida. Se
destruye la familia a largo plazo, donde se escucha hoy en día, ya no
matrimonio, no hijos, no esposa, no madre, no vida, si éxito.
El
éxito está presente, ¿qué se hace?, ¿qué soluciones da a la sociedad?, si el
hombre se encuentra viviendo metáforas. Ya lo dijo Alexis Carrel, premio Nobel
de medicina en 1912. “Aquéllas realidades que no se pueden pesar o medir, son
mucho más importantes que las que sí se pueden pesar o medir”. Concluye
diciendo que el hombre se olvida de amar, se aísla a vivir una vida solitaria,
el autismo tecnológico, ser, yo, en primera persona, un extraño en su propio
mundo.
La
solución al problema creado por el propio hombre es volver a casa, reconstruir
la familia, volver a los orígenes de las primeras comunidades cristianas, el
amor y la unidad, donde el matrimonio es indisoluble, para dar vida, formar
identidad y seguridad a los hijos. Ser fuertes con Dios, construir sobre la
roca solidad para vencer las tormentas, huracanes.
Regresar
a casa, significa volver a la educación cristiana, los padres como verdaderos
tutores, enseñar sabiduría, enseñar amor al prójimo. Que la mujer tome el rol
de mujer, esposa y madre con el apoyo del esposo, siendo una sola carne, de
vivir familia.
De
volver a casa, los frutos son: Comunión
entre esposos para coordinar los horarios de trabajo de los dos, se desarrolla
una personalidad solidad en los hijos, una alimentación sana y no miedo a la
maternidad y paternidad responsable.
De
volver a casa no es apoyado en una ley, en un moralismo, es una gracia, que has
tenido un encuentro con Dios.
El
encuentro con Dios en morir a tú voluntad. En tú libertad tú decides.
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