domingo, 15 de octubre de 2023

 

RESILIENCIA (El dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional)

 

Pensamos que la vida es ingrata con el hombre e inclusive aseveramos que Dios no existe, porque existen las guerras, las epidemias, la violencia y el maltrato del hombre por el hombre, en fin, existe el sufrimiento, lo único que le frena al hombre para evitar hacer el daño, a su vez pueda vivir una conversión, el encuentro real de Dios y tú.

 

Pero la razón es más astuta y permite que el hombre empiece a vivir una esclavitud, ir perdiendo su raciocinio, construyendo la cerca, el corral, vivir semejante a los animales,   lidiar tú libertad con la paciencia de irse ahogando en la droga de los placeres de la razón, de la propia maldad existente, que domina a la misericordia, al amor.

 

Es la realidad de hoy, en pleno siglo XXI, la era del conocimiento tecnológico, la inteligencia artificial, la competencia de la máquina (creación del hombre) frente a las habilidades, pero no el raciocinio, la sabiduría, de la imagen y semejanza (creación de Dios), simplemente en un aprendizaje de una creatividad y una planificación sin vida. Qué, con lleva a la esclavitud de su propia conquista, las cadenas de la inteligencia y soberbia.

 

La realidad del hombre que se sumerge a vivir y rumiar:  la hoja, la hierba, la hiel amarga, de los sufrimientos, del dolor, la impotencia, que hay una luz, la ranura de una luz tenue que es la esperanza, la llegada de la libertad, la resurrección del hombre viejo a un hombre de sabiduría, de vida.

 

El hombre se convierte en su propio verdugo, de abrir la puerta del infierno, el fuego de las lágrimas sin agua, secas del propio calor de la angustia, de vivir el monologo de preguntarse y responderse. ¿Qué hice? Pero hay la libertad, la liberación como el pueblo de Israel, el Moisés que libero al pueblo e hizo pasar el mar rojo, la prueba de la libertad. El canto, la danza, la alegría de un llanto ya no de sequedad, un llanto de agua, de agua fresca, la presencia de Dios en tú vida.

 

Se llama la existencia la RESILIENCIA, que el hombre lo lleva en lo más profundo de su ser, que no lo puede perder. De experimentar que hay que caer, levantarse, volver a caer, volver a levantarse. Siempre la mirada al norte, sobreponerse de las adversidades y encontrar un porque, la pila de energía que se recarga por la emoción de saber que: “Si puedo volver a empezar de nuevo”.

 

El pueblo de Israel lo demostró y lo pudo, cuando le tocó vivir en los campos de concentración. Así lo define Boris Cyrulnik es un neurólogo, psiquiatra, psicoanalista y etólogo francés que define a la RESILIENCIA “Como la capacidad de los seres humanos sometidos a los efectos de una adversidad, de superarla e incluso salir fortalecidos de la situación”. Nos hace conocer que el dolor es inevitable, pero el sufrimiento es opcional.

 

El dolor siempre estará presente en cualquier acontecimiento de la vida como la muerte de un ser querido, te quedaste sin trabajo, quebraste en tu emprendimiento, te injuriaron, etc. El dolor está ahí, pero me quedo en la sombra del porque o paso la hoja, la vida continua, hay tierras fértiles por sembrar, de abrir nuevos caminos.

 

Pero de qué depende la RESILIENCIA, simple, de saber ¿quién eres tú?, de saber ¿quién soy yo? La personalidad que vas adquiriendo desde la familia, de potenciar las habilidades, de aprender a recibir el NO, para fomentar una estructura de seguridad en la parte afectiva y poder enfrentar en la parte externa:  Como la calle, el colegio, el trabajo. De poder vencer el Bullying.

 

La importancia como padres de formar hijos para la sociedad, de trasmitir la FE, capaces de tomar decisiones con valores y no esperar que debe ganar un partido político para brillar, cuando hay un talento por descubrir, desarrollar. Que es hora de emprender, de vencer los miedos y ser el capitán para navegar mar a dentro.

 

También es una verdad que ha fallado las Universidades con entregarte un título sin valor agregado, con un egocentrismo de ser y no servir. Te han enseñado una teoría sin la práctica, sin el sueño, sin el empuje de emprender. Una inversión cero para el estado y la familia, donde las ganas de luchar se quedan tapadas y frustradas por no encontrar trabajo.

 

No es hora de buscar trabajo, es hora de emprender, que la RESILIENCIA, salga, como el verdadero Juan Salvador Gaviota, que se estrelló, pero no desistió por más dolorosa sea las caídas, el maltrato del mundo que estás loco. Llegar a la meta de ser un agila y un gavilán.     

 

No preocuparse quién es el nuevo presidente. Pero si tener una visión y misión, nuevos retos, romper paradigmas, saber vivir, ser prójimo.

 

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