El gran debate: “Los candidatos vs los espejismos del post debate”.
Que
difícil buscar el equilibrio entre la inteligencia y la sabiduría, la unión
entre Dios y el hombre, ser el pueblo que necesita un pastor, el guía para
caminar sobre las aguas. Donde la inteligencia sea sumisa a la verdad absoluta,
a la verdad que es Dios.
Es
difícil, pero no imposible para Dios, por cuanto el hombre es libre, en el
libre albedrio para escoger y poder tomar una decisión, a su vez enfrentar las
consecuencias. Cuyas consecuencias se
convierten en buenas o malas, negativas o positivas, de acuerdo al razonamiento
que ejerce el hombre por ser libre, en pensamiento, pero esclavo de las
concupiscencias de la misma libertad de la gran ciudad, la gran Babilonia.
Digo
esto porque se vivió un acontecimiento democrático, que el pueblo lo esperaba
dentro de los parámetros del código de la Democracia. Esperar el momento de un
de debate presidencial, donde se exponen las propuestas de su futuro gobierno. Las
ideas plasmadas dentro de un marco teórico, en función directa a su identidad,
a la reciprocidad de una democracia de libertad y raciocinio, aunque sea en
teoría.
Un
debate donde se debatieron la imagen, el espejismo de una sociedad que no tiene
norte, que vive porque todavía es gratis el aire, la ilusión de tener sed de
vivir con dignidad, que lo bebes, sin efecto, todo sigue igual. Se midieron
quien respira con el glamour de ofrecer el cambio, la solución de lo que puede
ser, según el servicio de la razón, lo sé y sé cómo hacerlo, o de la sabiduría
de poder escuchar el grito del inocente, el grito de ser libre, libre de las
cadenas de la vida que mueres sin saber que tienes el cáncer del envejecimiento
prematuro, el hombre sin Dios.
El
gran debate representados por dos candidatos, Lista 1, Lista 2. La euforia que
son la solución de que, no lo sé. No hubo el enfoque a defender la vida, defender
la mueca de lo desabrido, defender la libertad.
Tres
realidades por lo que el hombre debe luchar y defender, representa la luz o las
tinieblas.
La
luz representa la esperanza, la libertad, el despojo de las cadenas invisibles,
el colirio para saber ver con los ojos del alma, de sentir el dolor y palpar el
abrazo de la miseria de un holocausto, la inocencia de un niño, la misma
familia que busca el pan y termina prostituyéndose, ante lo cóncavo y convexo
de las leyes de la democracia, donde el hombre es Dios, se vive la oscuridad a
pesar de ser día, el canto del gallo, los, laudes del amanecer sin Dios, el eco
que desea ser escuchado.
Las
tinieblas que es la vivencia de los espejismos del post debate, el análisis de
los políticos, los demócratas, los intelectuales, los que se dicen
intelectuales, así como los socialistas que son más capitalistas o los
capitalistas que viven esclavos de la avaricia, de las leyes del mercado
(oferta y demanda). La crítica convertida en una mercancía, en una idea sin
fundamento, pero si bajo la lupa del valor de un voto democrático.
Espejismos cero tolerancias, no hubo ganadores
ni perdedores. Pero si respuestas del post debate: “Hay que mostrar el papel de
actor de medio idiota, de un poco de estupidez”, para ganar una elección. Los
espejismos de un pueblo en la miseria, pero con un valor mercantil, los
movimientos y palabras de los candidatos.
La
estupidez y la razón está por encima del dolor de un pueblo, del propio
raciocinio, de no poder mirar que estamos viviendo en la oscuridad, que no hay
luz. Se escucha un eco del Ministro de Energía que “Depende de Diosito” de
estar en tinieblas.
Así
son los resultados del post debate: Lo absurdo, lo incoherente, la estupidez y el
culpable de lo irreal. Esperando tú respuesta, tú voto, sin importar tú
opinión, tú verdad relativa.
La
sabiduría es lo que vence a los espejismos políticos y democráticos. Es tú decisión.
¿Eres libre de verdad, para saber elegir? o el ¿Miedo te sigue esclavizando y tienes
terror a la verdad?
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