domingo, 1 de octubre de 2023

EL DERECHO A NACER.

 

La Diócesis de Loja, a través del Señor Obispo ha invitado al pueblo en general de participar en los cuarenta días de oración por la vida, decir NO AL ABORTO, sí a la vida, sí al derecho a nacer. Implica decir SI, tengo vida, tengo temor a Dios.

 

Al hablar del temor a Dios, nos referimos a la expresión dada por su Santidad el Papa Francisco “Nos recuerda que nuestro bien está en abandonarnos con humildad, respeto y confianza en las manos de Dios”. Más que un concepto, filosofías, moralismo, es una experiencia de vida, una intimidad que Dios es Padre, es madre, es amor.      

 

El hombre, piensa, se imagina, da por entendido por su razonamiento e inteligencia que sabe amar, sabe querer, y, tiene derechos para hacer un camino sin huella, con proyectos de metamorfosis de inteligencia a inteligencia artificial, respuestas frías, sin el afecto humano, de una palmeada, de una palabra, animo, confía en Dios.

 

Se crea una dureza de corazón, de generalizar y construir una impronta social acerca de tener derecho, la verdad que no es verdad absoluta, pero tengo un derecho, similar al celo enfermizo, de proyecciones y afirmaciones de lo que es mejor y conviene.

 

 

 

Con estas afirmaciones de los derechos. Como persona tiene el derecho de ser, tiene el derecho a saber vivir, tiene el derecho amar, tiene el derecho a soñar, tiene el derecho a emprender, tiene el derecho a levantarse de mil caídas que da la vida, tiene el derecho a dejar huella.

 

Pero no se puede vulnerar la vida como derecho, tomar decisiones por emociones, de permitir que las pasiones superen al raciocinio y dejar que muera la esperanza ante cualquier inconveniente, problema o circunstancia que se dan por los propios miedos que están presentes en el diario vivir.

 

Se debe defender la vida como un derecho, porque el hombre es creado a imagen y semejanza de Dios, la libertad de actuar por raciocinio, conciencia y misericordia. Un trípode que se basa en la Fe, la conversión, la buena noticia, que Dios ama al hombre y ha dado a su hijo para que muera por el hombre, dejarlo libre de la muerte óntica, la muerte del ser. Venciendo a la muerte, la resurrección.

 

El verdadero derecho a nacer es vivir la resurrección, pasar de un ateísmo irracional, de una religiosidad natural, de un Dios castigador, a la plenitud de vivir la creación, de dar, servir, ser un donado al prójimo. Permite defender a la vida, donde la sabiduría emite discernimiento para actuar en el diario vivir.

 

La vida da vida, la muerte da muerte, con sus respectivos derechos. Se presenta el peligro cuando la pasión, el deseo, la concupiscencia, se sube al balcón de la torre de Babel, socavando al amor, a la vida. Nace la prostitución de la propia razón, el egocentrismo del YO, mi derecho, la sentencia de matar al inocente, no conocer el dolor y cavar su propia tumba, con palabras sin sonido.

 

Mientras está la fiesta de los placeres, la razón. Preguntan ¿Dónde está tú Dios?, Dios está ahí, sufriendo con el inocente, mientras se encuentra luchando por sobrevivir a una sentencia, gritando tengo derecho a nacer. Con el mismo derecho que naciste años atrás, hoy ejecutaras una decisión de muerte.

 

Pero existe la esperanza de frenar, parar la muerte. La oración, a tiempo y destiempo, la voz del inocente que llega al cielo. Una voz que ha cumplido una misión en la tierra, Cristo vive, vive en el pobre de Espíritu.

 

Simplemente estamos llamados a una conversión, hacer la voluntad de Dios, que la razón no se olvide que un día fue inocente. Se dio la decisión de la madre, en dejarle nacer, el derecho a la vida.

 


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