Los resultados electorales:”
Donde reinan los narcos, gana la Revolución Ciudadana. No es casualidad, es
complicidad” “Noboa está en la obligación de reunirse con Dios y con el diablo”
La realidad del hombre frente a la verdad, a la verdad de
Dios, ser frágil, corruptible, que entra en obediencia a un Dios de
misericordia, de amor, amor al prójimo. Esto permite que el hombre sea único en
sabiduría e inteligencia, pueda tomar decisiones en virtud de hacer el bien,
emprendiendo sus propias fortalezas.
Pero, cuando el hombre no abrió sus propias alas, para volar,
se quedó encerrado en su miedo, en sus emociones, el porqué de las cosas. Tiene
sus consecuencias en el caminar, en sus nuevos retos por cumplir, que salen a
relucir las envidias, la ira, su verdadero Yo, el fracaso de su verdad.
Es la realidad que vive el hombre frente a un proceso
electoral, de un ganador y perdedor. Se presentan roturas frente a la razón y
lo moral. El honor de cada persona no
puede ser mancillado, juzgado por la impaciencia de la razón, de priorizar el
odio, el culpable del fracaso, sin determinar la responsabilidad del poder de la
palabra, que puede causar en forma individual y colectiva.
Dejamos que lo ético y lo moral se esfume, llegué a florecer
la venganza, como el trofeo de un camino invisible que no tiene meta, sin norte,
con el dolor de enterrar en el cementerio del Yo, sin la libertad de un hombre
libre de pensamiento y sabiduría. Generando el abismo entre democracia y razón,
la verdad propia y no el eco de un pueblo que se manifiesta, por nuevos días de
luz y paz.
Se pierde el respeto como persona y familia. De aseverar las
palabras como una verdad, sin importar el daño a causar, permitiendo que el
poder del momento es frágil, sea el juez para dar una sentencia de lo injusto
como justo, lo justo como injusto. Prevalece la emoción del día, la
vulnerabilidad de la verdad, para una afirmación con dolor, odio y venganza.
El dolor que proviene de hechos históricos, acontecimientos
que no han sido curados, produciéndose algo crónico, de no poder disfrutar de
la vida, del amor. Quedarse en el cuarto de los recuerdos, buscando el culpable
para incentivar el dolor y perderse de festejar, el resultado de un proceso
electoral. He ganado, pero el dolor, la jaqueca, el malestar punzante de querer
terminar con el enemigo. Te convierte en un perdedor, porque te coca convivir y
realizar los pactos políticos, llamados con ese mismo odio razonado, los
acercamientos democráticos, para una mayoría con dolor.
El odio que nace por
la ira hacia otra persona, que se enmarca a una actitud emocional, al oír una
palabra, un nombre. Pero en fin es una
derrota, una caída, que la razón no puede aceptar, frente a un
acontecimiento de liderazgo, de poder, de competencia, etc. No hay cabida para
algo nuevo, en ideas, a pesar de hacer los mismos acercamientos y alianzas
políticos. Una mayoría en democracia.
La venganza, que aplica el daño de hacer a la otra persona,
el sentimiento negativo de frustración, de seguir preso en el sentimiento de un
dolor, sin vivir la oportunidad de cada día, viviendo el envejecimiento de las
ideas, sin el retorno de la sabiduría.
Lo que permite herir con palabras, con actos, llevando las de perder
porque afecta a la familia.
Esta trilogía de sentimientos que el propio hombre promulga
para que las nuevas generaciones también lleven el: Dolor, odio y venganza, sin
haber sido participes, pero odiar a un liderazgo que no vivieron
Hay una enfermedad que fomentan un regionalismo, una
discriminación por pensar diferente. Cuando la vida es eso, de convivir a pesar
que los líderes políticos hagan las alianzas democráticas, las alianzas de
media noche, las alianzas mercantilistas, las alianzas con el mismo diablo. Conceptos
que el hombre da por buscar protagonismo, buscar acercamientos sin lealtad, sin
identidad política.
El verdadero cambio se da cuando empiezo cambiando Yo
primero, buscando sabiduría, construyendo familia, buscando a Dios, que lo
demás llega por añadidura. El éxito está goleando la puerta.
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