domingo, 22 de octubre de 2023

 

Los resultados electorales:” Donde reinan los narcos, gana la Revolución Ciudadana. No es casualidad, es complicidad” “Noboa está en la obligación de reunirse con Dios y con el diablo”

 

 

La realidad del hombre frente a la verdad, a la verdad de Dios, ser frágil, corruptible, que entra en obediencia a un Dios de misericordia, de amor, amor al prójimo. Esto permite que el hombre sea único en sabiduría e inteligencia, pueda tomar decisiones en virtud de hacer el bien, emprendiendo sus propias fortalezas.

 

Pero, cuando el hombre no abrió sus propias alas, para volar, se quedó encerrado en su miedo, en sus emociones, el porqué de las cosas. Tiene sus consecuencias en el caminar, en sus nuevos retos por cumplir, que salen a relucir las envidias, la ira, su verdadero Yo, el fracaso de su verdad.

 

Es la realidad que vive el hombre frente a un proceso electoral, de un ganador y perdedor. Se presentan roturas frente a la razón y lo moral.  El honor de cada persona no puede ser mancillado, juzgado por la impaciencia de la razón, de priorizar el odio, el culpable del fracaso, sin determinar la responsabilidad del poder de la palabra, que puede causar en forma individual y colectiva.

 

Dejamos que lo ético y lo moral se esfume, llegué a florecer la venganza, como el trofeo de un camino invisible que no tiene meta, sin norte, con el dolor de enterrar en el cementerio del Yo, sin la libertad de un hombre libre de pensamiento y sabiduría. Generando el abismo entre democracia y razón, la verdad propia y no el eco de un pueblo que se manifiesta, por nuevos días de luz y paz.

 

Se pierde el respeto como persona y familia. De aseverar las palabras como una verdad, sin importar el daño a causar, permitiendo que el poder del momento es frágil, sea el juez para dar una sentencia de lo injusto como justo, lo justo como injusto. Prevalece la emoción del día, la vulnerabilidad de la verdad, para una afirmación con dolor, odio y venganza.

 

El dolor que proviene de hechos históricos, acontecimientos que no han sido curados, produciéndose algo crónico, de no poder disfrutar de la vida, del amor. Quedarse en el cuarto de los recuerdos, buscando el culpable para incentivar el dolor y perderse de festejar, el resultado de un proceso electoral. He ganado, pero el dolor, la jaqueca, el malestar punzante de querer terminar con el enemigo. Te convierte en un perdedor, porque te coca convivir y realizar los pactos políticos, llamados con ese mismo odio razonado, los acercamientos democráticos, para una mayoría con dolor.

 

 El odio que nace por la ira hacia otra persona, que se enmarca a una actitud emocional, al oír una palabra, un nombre. Pero en fin es una   derrota, una caída, que la razón no puede aceptar, frente a un acontecimiento de liderazgo, de poder, de competencia, etc. No hay cabida para algo nuevo, en ideas, a pesar de hacer los mismos acercamientos y alianzas políticos.  Una mayoría en democracia.

 

La venganza, que aplica el daño de hacer a la otra persona, el sentimiento negativo de frustración, de seguir preso en el sentimiento de un dolor, sin vivir la oportunidad de cada día, viviendo el envejecimiento de las ideas, sin el retorno de la sabiduría.  Lo que permite herir con palabras, con actos, llevando las de perder porque afecta a la familia.

 

Esta trilogía de sentimientos que el propio hombre promulga para que las nuevas generaciones también lleven el: Dolor, odio y venganza, sin haber sido participes, pero odiar a un liderazgo que no vivieron

 

Hay una enfermedad que fomentan un regionalismo, una discriminación por pensar diferente. Cuando la vida es eso, de convivir a pesar que los líderes políticos hagan las alianzas democráticas, las alianzas de media noche, las alianzas mercantilistas, las alianzas con el mismo diablo. Conceptos que el hombre da por buscar protagonismo, buscar acercamientos sin lealtad, sin identidad política.

 

El verdadero cambio se da cuando empiezo cambiando Yo primero, buscando sabiduría, construyendo familia, buscando a Dios, que lo demás llega por añadidura. El éxito está goleando la puerta.

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