El joven administrador
de sueños.
El egoísmo del hombre que se lleva como una impronta, no
permite ver más allá de lo que se quiere ver, opacando al más débil, no dejar
que sueñen y luchen por sus sueños. Este mal se da en toda organización jurídica
como persona natural, de cortar la velocidad de lo que pueden hacer, el impulso
de un sueño que en su mayoría sé queda como una quimera, una metáfora o el
sueño de un loco.
Las organizaciones política, empresarial, profesional,
bancaria, etc. Se rompen las vestiduras de crear liderazgo, reactivar la
economía local y nacional. Generar fuentes de trabajo, circulación de capitales,
recuperar la economía familiar, en definitiva, hacer emprendimientos.
Para fomentar este
desarrollo, se necesita crear las bases, cimientos, con sus respectivos cálculos
estructurales, para levantar el desarrollo real de una economía sustentable en
conocimiento, experiencia y capital de trabajo.
Necesitamos una juventud visionaria, que puedan luchar, no
acobardarse ante huracanes de maldad, de hacer daño. Crear el muro de contención
con la verdad, con la palabra que tiene poder. Más el hombre tiene miedo de
enfrentarse a la verdad.
Estos miedos no dejan que el hombre sea libre, donde se estructura
etapas de vivencias, creando una burbuja como blindaje que no entre nadie,
viviendo en su mundo, en su historia, en el futuro, sin salir por tener, un
arma muy poderosa, que es la razón, la verdad relativa como verdad absoluta. Crea
confusión, complejos que deja de soñar para vivir en su propia caja de pandora.
Esta realidad es fuerte porque el hombre se traslada en una etapa
del pasado, a vivir y contar las hazañas, las victorias, fracasos, etc. No lo
ve como aprendizaje, más bien como una tristeza de no haber querido vivir, y se
muestra fuerte, a la defensa, que nadie pueda hacerle daño, buscando siempre un
culpable. La otra etapa igual de peligrosa es de trasladarse a vivir en el
futuro, lo irreal del verbo tener, es decir expresar cuando tenga, cuando me
compre mi casa, etc. Las letanías de tener sin hacer el esfuerzo de: Soñar,
trabajar, resultados, ahorro y compra.
Es el problema social que se vive, que de una manera crea el
impacto social como la migración, el ganar dinero muy fácil y en corto tiempo,
el ataque de pánico que es la soledad. Se pierde de vivir el hoy, la verdad, de
confiar en sí mismo y dejar que entre Dios a mi vida, para tomar decisiones con
sabiduría, que nunca está perdido del todo, siempre hay una esperanza, como el
hijo prodigo.
Como padre es duro aceptar las vivencias de la juventud, que también
somos parte de estas etapas de la vida, porque el joven, hijo, absorbe todo de
los padres, familia, lo pondrá en práctica en su adolescencia. La familia es parte del problema de la
juventud, pero también busca culpables, como las políticas de gobierno, gobiernos
corruptos y más adjetivos que se pronuncian.
Sabemos que la juventud son las columnas de un pueblo, pero
se quiere dar las responsabilidades, las bases o cimientos al estado, Donde
sale más caro el remedio que la enfermedad. La pregunta real. ¿Qué hacemos por
la juventud, por nuestros hijos? La conciencia habla con la verdad.
Frente a la verdad que hacemos, dejamos que la razón domine o
dejamos que, entre la humildad, la misericordia, pedir perdón al joven,
construir sueños reales, con conocimiento y experiencia para tomar decisiones.
Si hay tropiezos, caídas, levantarse y seguir haciendo camino, dejando huella,
el éxito de compartir, vivir el amor al prójimo.
El éxito del joven depende de la familia, crear liderazgo,
crear ciencia, con sabiduría de Dios. Por eso el Santo Padre Francisco se dirigió
a la Jornada Mundial de la Juventud, Lisboa 2023. “Sustituir los miedos por los sueños. No ser administradores de
miedos, sino emprendedores de sueños”
Te atreves a ser un
administrador de sueños.
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