lunes, 17 de julio de 2023

 

La razón y las emociones para tomar una decisión

 

 

Deseo seguir escribiendo sobre el éxito del Hombre, la búsqueda incesante de llegar a la meta, de llegar a saborear el éxito. Pero no es llegar a la meta, ya viviendo la realidad, el hoy, el presente, no hay la esencia de saborear y sentir la gratificación que tengo el éxito. Sigue el vacío, el sin sabor que falta el endulzante de sentir que la vida es vida.

 

La vida no es solo caminar, una meta, un objetivo, un título, un matrimonio, etc.  Es la pisca de sal que le da el sabor, que le da las ganas de luchar, se enfrenta a barreras, rompiendo paradigmas, de volver todos los días a construir el mismo sueño, el mismo objetivo. Con la diferencia de tener sabor, sabor a vida, la sabiduría de tomar decisiones, de hacer surcos en el sufrimiento, de preparar la tierra para sembrar vida y cosechar éxito en las nuevas generaciones.

 

Para esto hay tener una madures de hombre, de experiencia, conocimiento, profesión, de familia y de la existencia de Dios, que va a permitir tomar decisiones en relación directa de tener éxito ya no en lo monetario, más bien en poder abrir la puerta para vivir el servicio. Servir al prójimo, de dar la pisca de sal, la cucharada de vida dulce, la sonrisa de levantarse de mil caídas, la razón de vivir bajo el cobijo del Espíritu de Dios, la primicia de ver en el débil, en el desecho, que hay vida, vida de Dios, y lo demás llega por añadidura.

 

Pero hay, un, pero, el pero que le tiene miedo el Hombre, de enfrentarse a la realidad, la IDENTIDAD, de crear el telón de una máscara, vivir en el mundo, un mercado de placeres, de exponer la falsedad, la idolatría de una falsa Identidad. De vivir sin la pisca de la sal, de sueños falsos, efímeros, sin el norte para tomar decisiones, de revolcarse en la ignorancia sin sabiduría, la verdad equivocada entre la razón y las emociones.

 

Solo así se entiende él porque de los tropiezos, los errores, las caídas o simplemente un emprendimiento no florece.  Jordi Alemany nos hace conocer “Tenemos la percepción de ser muy racionales, pero la realidad es que todos, absolutamente todos, tomamos el 99% de nuestras decisiones de forma emocional, sin razonar demasiado”. La realidad del hombre frente a la sociedad, de tomar decisiones por las emociones de querer SER, vivir una falsa identidad, no aceptar QUIEN SOY YO. Estas mismas emociones que te hacen ilusionar, te llevan a un abismo de soledad, de acabar la vida y rendirse ante el suceso, fracaso, de dejar que el miedo sobrepase a la razón.

 

La otra cara de la moneda, que es la razón, la inteligencia del hombre, que le convierte en un soberbio, de saberlo todo, de tener el derecho de juzgar, sacar pecho que el otro no planifica, no piensa, no razona, es un inútil.  Vocifera que tiene éxito, talvez monetariamente, pero en el círculo familiar (padres e hijos) es otra realidad, la convivencia sin Dios, sin sabiduría, donde cada quien toma caminos distintos por emociones.

 

Uniendo la emoción y la razón genera una guerra de decisiones, que emerge de una voluntad que lo puede o caer en el fracaso que mala suerte. Motivo por el cual la solución, respuesta a todo esto de las emociones y razonamientos es la SABIDURIA, que te la da Dios gratis. Es bajar los brazos y autorizar que Dios entre en tú vida.

 

La primera decisión con sabiduría, es que el hombre crea hábitos de: Perseverancia, ser constante para vencer al miedo. Conocer mis debilidades y fortalezas para crear oportunidades para tomar decisiones. Conocer las necesidades del mercado para entrar en el servicio de cubrir una necesidad. Crear liderazgo para dar amor. Crear un lenguaje de armonía, para saber escuchar y ver con los ojos del alma. Construir familia para enseñar el NO, y pueda soñar para llegar al éxito, llegar a la meta.

 

El éxito real está golpeando la puerta. ¿Estás preparado para abrir la puerta? Te quedas con la razón que lo puedes, planificas, pero no arriesgas, si juzgas o te emocionas en el negocio perfecto, en el amor de un príncipe azul, en vivir vanidades de vanidades.

 

Tú decides.

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