La libertad
del Hombre
La libertad del hombre se da cuando puede discernir de un
bien con un aparente bien. En ese momento podemos decir que es libre como el
mismo viento, porque la palabra tiene poder, un poder para dar un giro de vida.
Ese giro de vida significa que ha vencido el miedo, vive la paz, donde las olas
del sufrimiento ya no destruyen, la muerte óntica del ser, vive una resurrección,
con el Espíritu de Dios que da la nueva vida.
El verdadero discernimiento es el éxito del hombre, pero se
lo obtiene con sabiduría, que es otorgado a través de vivir y tener la experiencia
de Dios, de un Dios de vivos, que vivió, murió por la humanidad y resucito
venciendo a la muerte, para que el hombre sea libre. La libertad no es un intelectualismo
del saber, del conocimiento científico, que ayuda al hombre, pero produce un secularismo
de conocimiento y FE, la segregación de lo que es vida para enfrentar a la
vida, las caídas, tropiezos, las lágrimas de la impotencia de no poder tomar
decisiones de ese aparente bien.
El hombre entra en el sufrimiento real por ser libre y empieza
a escalar las montañas del poder con diferentes caminos: Llega la política, el
ofrecimiento de cambiar la vida, que pronunciar como verdad que el culpable del
sufrimiento es el no reparto equitativo de la riqueza y que manos externas ha
desviado a otras cuentas personales. Es el momento del cambio, el pueblo debe
ser libre. La mentira más grande porque la libertad es con sabiduría no con
palabras demagógicas o populistas.
Otro camino que llega, que el hombre sufre porque es familia,
no hijos, no matrimonio. Simplemente que el hombre viva la libertad del viento,
el vuelo del agila como estandarte de la guerra, sin saber quién es el enemigo
real y termina matando a la fuente de la vida. Llega el razonamiento de la
frustración y bebe haber un culpable, siempre el más débil. El inocente que no
puede defenderse y desea nacer, una sexualidad como libertinaje y no como vida,
amor, donación. La enfermedad y vejes el reflejo del hombre frente a la vida de
¿Quién soy yo?, debe existir la eutanasia. El verdadero miedo al sufrimiento,
la esclavitud del hombre, le muerte lenta del espíritu de vida para entrar en
las tinieblas y no saber tomar decisiones de un aparente bien.
El camino del intelectualismo, la ciencia que no puede dar testimonio
del origen de la luz. Sabemos que es oscuridad, tinieblas. La sabiduría si sabe
que la luz es DIOS, pero la inteligencia ignora a Dios y crea como verdad
absoluta sus palabras. Nace el ateísmo y busca culpables de la miseria del
hombre, de la pobreza material, de la locura del hombre que no saber amar. Crea
una hipótesis que Dios no existe, si existiera debe haber paz. La sabiduría contesta
que el momento que Dios sane toda la miseria del hombre, que puede hacerlo, el
hombre pierde su libertad, su libre albedrio y se convierte en un hombre
esclavo de su propia existencia. Dios crea al hombre a imagen y semejanza,
libre de saber tomar decisiones de un aparente bien, pero la ciencia e
intelectualismo no lo ve y esclaviza al hombre en su propia razón.
Como punto final tenemos el camino de la razón, mi verdad que
enmarca la soberbia, que es donde el hombre está muerto en sus propias
conquistas que es su verdad. No puede amar, no entra en la humildad del
servicio, pero vive la ira de no encontrar respuestas de su propia razón, la
amargura de una soledad, la pubertad endemoniada del aparente bien, pensando
que es la felicidad, terminando el delirio en un vaso de alcohol, de ahogar las
penas, pero es la sentencia de muerte, a una esclavitud de muerte física y
espiritual.
La importancia de entrar a vivir en la verdad de Dios, en la
libertad y el libre albedrío, ser siervo de Dios, el servicio al otro, al prójimo.
Libre en pensamiento, libre en ilusiones, libre en saber amar, libre para
diferenciar un bien de un aparente bien.
Solo tú sabes si eres libre.
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