La alianza que el
hombre lo ignora
Una forma de encontrar el éxito en la vida es a través de las
alianzas que el hombre realiza durante el tiempo de vida que maneja un poder
político, económico y el poder social. Un poder que se lo gana con la
inteligencia, astucia, y el egoísmo de querer ser, de llegar a la meta sin
importar quien se interponga.
Es el aprendizaje del hombre que se sumerge en las olas del
poder, de manejar el contexto de la vida, olvidándose que hay un final, un
tiempo de vida que llega el momento menos esperado que es la muerte. El ciclo
final para empezar una nueva vida, la vida eterna, como verdaderos hijos de
Dios en la nueva Jerusalén, pero al hombre no visualiza la verdadera alianza de
Dios y el hombre.
Lo que lleva al hombre a vivir de la inteligencia,
desarrollando la habilidad de negociar en forma individual, un individualismo
familiar, de romper los lazos de valores, de integridad y amor al prójimo.
Este egoísmo del YO va calando en el pensamiento del hombre
para dividir en clases sociales, la segmentación de los barrios, entre el pobre
y el rico. El pensamiento mercantil de dar valor a lo que tienen en lo material
y lo intelectual. Permitiendo realizar las alianzas en primera persona para
crear los imperios, monopolios y esclavizar al hombre en no poder pensar y se
crea la brecha entre riqueza y pobreza.
Esto lleva al hombre a estar en constantes alianzas con la
particularidad que haya la envidia, siempre se guarde el haz bajo la manga, de
dar el golpe bajo de construir sobre la arena. La falsedad de la expresión ante
el valor de la palabra, del ofrecimiento y aceptación de la alianza.
La alianza durará el tiempo que la razón la determine. El
momento que la avaricia domine los parámetros del ofrecimiento y se esfuma como
el sainete, lo jocoso y popular, cayendo al mismo nivel del hombre esclavo,
creado por ellos mismo, el populacho que ha dejado de soñar.
Pero no todo queda ahí, se renuevan las conversaciones para
una nueva alianza por la gula del poder, el miedo de perder las prebendas y
volver a su realidad el hombre pobre sin sueños.
El juego de las alianzas lleva al hombre a vivir sin hacer
camino, sin dejar huella, viviendo lo imaginario por la pereza de vivir, y caer
en la prostitución de mi Yo, el ego de ser lo que no es, la humillación al
hombre sin identidad, por estar pensando siempre en el poder, la soledad y
vacío de la vida.
El vacío del hombre que se da por la insatisfacción de la
vida, de culpar siempre al dueño del proponente de la alianza, pero más
culpable es el que cree en el cortejo, las palabras elegantes que fornican en
las alianzas del poder, el reparto de la troncha.
La importancia del hombre de vivir la experiencia que la vida
es vida cuando el hombre se encuentra con Dios y deja los fetichismos sociales,
políticos y económicos, para vivir una vida de paz y armonía.
El éxito está ahí, en realizar la verdadera alianza, una
alianza perpetua entre Dios y el hombre. La alianza de la verdad, en hacer
camino, dejar huella, para que la luz sea el inicio de un nuevo día, la
resurrección del hombre viejo, el remordimiento sepultado para una
resurrección.
La verdadera alianza del hombre con Dios no entra la
inteligencia, pero si la sabiduría, la sabiduría del Espíritu de Dios. Pero la
secularización del hombre, Dios no existe se crea una brecha entre Dios y el
hombre.
Es hora de buscar sabiduría, ser como un niño, y experimentar
la misericordia y el amor a Dios, viviendo los frutos de la alianza perpetua,
la alianza de construir sobre la roca.
En la libertad que da Dios al hombre: Sí o No.
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