Vivir el éxito con el perdón
El pensamiento del hombre es
tener el éxito, de trabajar la imaginación de cómo llegar, los criterios que se
analizan, de tomar la decisión, abrir el abanico de las oportunidades, con su
respectivo calor, frio, soledad, tristeza, etc. Que la vida tiene los encantos
donde el hombre tiene la capacidad para construir o destruir en función directa
de su raciocinio, de conocer el origen y vivir el perdón.
El verdadero éxito se sumerge en
el perdón, de vivir la paz interior, entrar en el servicio del otro, la muerte
de la razón, la limpieza del corazón, para actuar de acuerdo a la misericordia,
el aire purificado para respirar y expresar amor. Expresar la libertar de la
pesadez de una historia familiar que carcome el presente, el vivir el hoy, en
la máxima plenitud, libres de la oscuridad.
La importancia de aprender a
vivir la sencillez, la entrega de los talentos al servicio, el crecimiento
existencial de compartir las miserias transformadas en prójimo, la esencia del
amor a familia, aroma a Cristo vivo, el timón de la familia para navegar por
las siete naciones enemigas del hombre. Potencias que se las vence con el
Espíritu de Dios, la humildad que ha vencido a la soberbia, el verbo SOY, la
primera persona que desprecia ¿Quién es Dios para mí?
Vencer las siete naciones
(soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza), es vivir el perdón,
vivir el camino del hijo prodigo. En busca del éxito, del razonamiento de la
verdad, mi verdad ante todo con el poder de juzgar lo bueno o lo malo, un poder
atribuido por mí propio YO, la oscuridad de imponer como ley, de pedir la
herencia de la vida al Padre para buscar el éxito.
La herencia representa mi verdad,
el conocimiento académico, experiencia, que está por encima a la ignorancia del
hombre de bien. El ateísmo del mundo que destruye a la familia, matando al
inocente, a los hijos de darles la oportunidad de conocer a Dios, el Dios de
vida.
Pero la misericordia, la gracia,
el perdón, existe y es gratis, es simplemente de observar que camino dejo huella,
reacciono ante los acontecimientos de dolor, tristeza, soledad, para gritar
como el Hijo prodigo. ¿Dónde estoy?, ¿Qué
hago?, ¿Qué éxito estoy buscando? Respuestas que no entra la inteligencia
humana, más bien el arrepentimiento, la mía culpa de decisiones tomadas sin el
discernimiento de vivir primero un perdón.
El perdón se lo vive en familia,
como la familia de Nazaret en humildad, sencillez, alabanza. Nosotros los hijos
absorbemos todo, la esponja que se humedece con el diario vivir. Trasmito la fe
como padre que primero es Dios, o me quedo en una religiosidad natural de pedir
milagros cuando necesito moneda, de ganar en negocios de azar o pedir suerte.
El verdadero éxito está en vivir
el perdón, de sentirme perdonado por Dios, quitarme el peso de la angustia, ser
el hijo prodigo. Lo más difícil reconocer que se ha pedido la herencia, la idolatría,
de imponer una verdad de muerte.
Hay una libertad, el libre albedrío
de dejar una rendija para que Dios pueda entrar, o seguir buscando el éxito, el
cansancio de la vida que no pinta, no asoma la veta oro, el engaño sutil “ya
mismo, falta poco, mañana seguro que pego”, los engaños de los razonamientos de
la angustia y desesperación. También vivir lo engaños de la inteligencia “tengo
la experiencia, yo lo sé” el egocentrismo y soberbia de humillar al prójimo.
¿Qué éxito busco, la decisión
está ahí?
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