domingo, 4 de diciembre de 2022

 

Vivir el éxito con el perdón

 

El pensamiento del hombre es tener el éxito, de trabajar la imaginación de cómo llegar, los criterios que se analizan, de tomar la decisión, abrir el abanico de las oportunidades, con su respectivo calor, frio, soledad, tristeza, etc. Que la vida tiene los encantos donde el hombre tiene la capacidad para construir o destruir en función directa de su raciocinio, de conocer el origen y vivir el perdón.

 

El verdadero éxito se sumerge en el perdón, de vivir la paz interior, entrar en el servicio del otro, la muerte de la razón, la limpieza del corazón, para actuar de acuerdo a la misericordia, el aire purificado para respirar y expresar amor. Expresar la libertar de la pesadez de una historia familiar que carcome el presente, el vivir el hoy, en la máxima plenitud, libres de la oscuridad.

 

La importancia de aprender a vivir la sencillez, la entrega de los talentos al servicio, el crecimiento existencial de compartir las miserias transformadas en prójimo, la esencia del amor a familia, aroma a Cristo vivo, el timón de la familia para navegar por las siete naciones enemigas del hombre. Potencias que se las vence con el Espíritu de Dios, la humildad que ha vencido a la soberbia, el verbo SOY, la primera persona que desprecia ¿Quién es Dios para mí?

 

Vencer las siete naciones (soberbia, avaricia, lujuria, ira, gula, envidia y pereza), es vivir el perdón, vivir el camino del hijo prodigo. En busca del éxito, del razonamiento de la verdad, mi verdad ante todo con el poder de juzgar lo bueno o lo malo, un poder atribuido por mí propio YO, la oscuridad de imponer como ley, de pedir la herencia de la vida al Padre para buscar el éxito.

 

La herencia representa mi verdad, el conocimiento académico, experiencia, que está por encima a la ignorancia del hombre de bien. El ateísmo del mundo que destruye a la familia, matando al inocente, a los hijos de darles la oportunidad de conocer a Dios, el Dios de vida.

 

Pero la misericordia, la gracia, el perdón, existe y es gratis, es simplemente de observar que camino dejo huella, reacciono ante los acontecimientos de dolor, tristeza, soledad, para gritar como el Hijo prodigo.  ¿Dónde estoy?, ¿Qué hago?, ¿Qué éxito estoy buscando? Respuestas que no entra la inteligencia humana, más bien el arrepentimiento, la mía culpa de decisiones tomadas sin el discernimiento de vivir primero un perdón.

 

El perdón se lo vive en familia, como la familia de Nazaret en humildad, sencillez, alabanza. Nosotros los hijos absorbemos todo, la esponja que se humedece con el diario vivir. Trasmito la fe como padre que primero es Dios, o me quedo en una religiosidad natural de pedir milagros cuando necesito moneda, de ganar en negocios de azar o pedir suerte.

 

El verdadero éxito está en vivir el perdón, de sentirme perdonado por Dios, quitarme el peso de la angustia, ser el hijo prodigo. Lo más difícil reconocer que se ha pedido la herencia, la idolatría, de imponer una verdad de muerte.

 

Hay una libertad, el libre albedrío de dejar una rendija para que Dios pueda entrar, o seguir buscando el éxito, el cansancio de la vida que no pinta, no asoma la veta oro, el engaño sutil “ya mismo, falta poco, mañana seguro que pego”, los engaños de los razonamientos de la angustia y desesperación. También vivir lo engaños de la inteligencia “tengo la experiencia, yo lo sé” el egocentrismo y soberbia de humillar al prójimo.   

 

¿Qué éxito busco, la decisión está ahí?

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