lunes, 12 de diciembre de 2022

 

El camino para buscar y llegar a tener alegría.

 

El caminar del hombre es la búsqueda inefable de la felicidad, la alegría. Pero durante el caminar se interponen barreras que llegan de forma voluntaria o inesperadas, también por nuestros errores, el ego de imponer una verdad vana.

 

Cuantos errores, aciertos, que se presentan en el diario caminar, con la ilusión de ganarle al tiempo, de soñar en ser ya un adulto, de conquistar los encantos de la de vida, el cortejo de alegrías espontaneas, de sabores imaginarios, sin la estructura de aprender de cada paso, más bien ocultando el dolor de una caída, por ser fuerte ante la montonera humana, de vivir el momento.

 

La línea recta de buscar una alegría, de buscar y conseguir siempre el SI, como el amuleto de un éxito, del galán de la novela creada en la ficción de una gracia monetaria, sin la misericordia del NO, simplemente de llamar la atención, el faro sin norte, la imagen de un espejismo.

 

Imágenes que son aprobadas por el mundo, figuras que envejecen al Espíritu, hasta la muerte sí mismo, por conquistar una alegría y llenar el vacío de una insatisfacción. La necedad del hombre por conquistar los razonamientos de la razón, de emerger la vanidad de un reino sin trono, la ilusión del momento, la eutanasia de la juventud.

 

Una juventud que envejece y muere por la búsqueda una alegría, de un fuego que se consume en la expresión de la maldad, del camino de la fama. La ignorancia de vivir, sin construir en la roca, la supremacía de una razón, del título de la academia, la honestidad anunciada a los cuatro vientos, los retorcijones de la idolatría.

 

La verdad de la sociedad, de ilusiones sin canto, sin el cantar de los murmullos de cada amanecer. La alegría de vísperas de un pesar, marchitando a la ESPERANZA, de vivir por vivir, caminar sin huella, pero sí, escuchar los elogios de las fuerzas, qué sí puedo, el ejemplo auto proclamado. La alegría conquistada por la inteligencia que permite dar el consejo al débil.

 

La alegría sin Dios, una alegría que no llega a la felicidad, que permite volver a buscar una solución, sin conceptos, sin filosofías. Pero con hechos reales de la fuerza del Espíritu de Dios, permita tocar a Dios en el sufrimiento del hermano. La alegría de una esperanza, el regocijo de vivir la conversión, el abrazo del sufrimiento hecho carne en nuestro cuerpo.

 

Una realidad que el hombre busca una alegría en poder realizarse como profesional, la realización de competir, de quien llega a la cima, olvidándose lo esencial de la verdad “SI EL SEÑOR NO CONSTRUYE EN VANO SE CANSAN LOS CONSTRUCTORES” palabra de Dios. La Universidad y la familia se preocupan de formar en SER, la alegría espontanea de un objetivo, un título, la foto y sin identidad.

 

Sin identidad no hay un sueño por luchar, de crear valor agregado, de fortalecer lo aprendido y romper paradigmas, de crear mi propio empleo mi identidad, la alegría cimentada en el Espíritu de sabiduría y fortaleza.

 

Necesitamos la alegría de Dios, de volver a la fuente de la sabiduría, reconstruir la familia para fortalecer el conocimiento científico, de comer el pan con el sudor de tú frente. Volver a fortalecer los cimientos, desechar los egoísmos, para mirar a Dios, vivir la conversión de un nuevo hombre de Espíritu, de aprender de los errores que Jesucristo resucitado entre a la vida para construir nuevos caminos, caminos de alegría en saber que la paciencia y la constancia vencen los obstáculos de la voluntad, el peor enemigo del hombre.

 

Vivir la alegría de Dios es volver a nacer, construir Fe y Esperanza para ser hombres de bien.     

 

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