LA SOLEDAD
DEL HOMBRE
Durante el caminar hay una etapa que se debe enfrentar, cara a
cara, la imagen de lo que soy, frente al ayer y al presente. El miedo de vivir,
llegando los susurros al oído, lo imaginario de una soledad.
Un escrutinio donde existe una verdad, que quiere ser opacada
por la razón de la excusa. Él fue, ellos fueron, los otros se equivocaron, la
circunstancia que la verdad no te deja, de nuevo la visita de la soledad, la realidad,
mi verdad se convierte en un monologo, el dialogo, la interrogación.
El día llega, la vida continua, hay nuevas decisiones, hacer
camino, en libertad o con una esclavitud del pensamiento, por descubrir el porqué
de una angustia, de una soledad que cala en el pecho, la sequedad de la
respiración, de sentir el abrazo del infinito amor, el abrazo de Dios.
Dios está ahí, esperando tú respuesta, la decisión a tomar,
reconocer que eres el Hijo prodigo.
La verdad de una soledad a pasar y sentir la misericordia de
un amor, de beber la esencia de hijo a padre. Tengo sed de ti, de vivir el
presente, de disfrutar y exhalar el aire de un amanecer, de la aurora de la
vida.
La importancia dejar de idolatrar el encanto que no es de
uno, que es del prójimo, dar, compartir, vivir. Ser libre de la soledad, de la
tristeza imaginaria, el desorden a un concepto, una melodía que deja morir al Espíritu.
La vida es más sencilla a lo que el hombre piensa y piensa de
lo irreal sucumbiéndose en una soledad. Cuando para vivir es saber reír, oler a
Cristo.
La soledad es una ficción, un egoísmo, la avaricia de los
afectos, la ira perpetua a una verdad que no existe.
Qué escoges, amar o vivir en tú propia soledad.
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