LA IRA DEL HOMBRE POLÍTICO
El hombre vive en una
tranquilidad mientras no recibe una palabra opuesta a su razón. La
contradicción de la metamorfosis del estándar de vida social, económica y
política, para mostrar en el balcón de la vanidad, de la concupiscencia del poder.
El desorden intelectual de medir
el bienestar a través de un indicador o número, es menospreciar al hombre en su
naturaleza de ser humano, como creatura pensante de poder elegir, de poder
decidir la voluntad del núcleo familiar.
Es la ira del hombre que busca el
elixir político para entrar en la mansedumbre del poder económico. La estupidez
de pensar que el pueblo no piensa no razona, que vive en el alimento rumiante
del populismo, ahondando más la brecha de la pobreza de espíritu.
La frustración de construir sobre
la roca viva, se deja envolver de la ira ideológica, social y pecaminosa, de
pelear entre corrientes opuestas, donde la familia el hombre está en el centro
de oír los conceptos más allá de las definiciones, con el objetivo de ganar un
voto electoral. Eso es el hombre para el hombre de ira, el hombre que juega a
ser Dios, menospreciando el sueño y la esperanza de un pueblo, dejándole en la
ignorancia, el hombre sin Dios.
La ignorancia es tan grande que
el hombre se sumerge para ser el abanderado y proclamar como una verdad, como
el camino al cambio. Pero te lleva al enojo, al debate irónico de buscar la
verdad relativa, la verdad del sueño fugaz, de verdad de la inmoralidad, de
robar la justicia social de un pueblo, para convertirse esclavo de su propia
razón, el enfrenamiento de las corrientes políticas.
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