Primeramente no
encuentro palabras para enfrentar el concepto que define la ONU frente a la
nueva enfermedad que está atacando a los
países en especial a los países
Latinoamericanos. De buscar un culpable
que es el hombre, un inocente que no ha pedido nacer y que ha sido concebido sea por la lujuria,
el placer o el mismo amor como pareja dentro del matrimonio bendecido por Dios.
Un inocente que
antes de nacer tiene por enemigo a su propia raza, el mismo hombre esclavo de la razón para
favorecer a una minoría egocentrista
mimadas por el poder y con un miedo que socaba su intelectualismo en la
ignorancia de querer matar al inocente de inocentes.
Es imaginar el
susurro de las voces de las grandes reuniones como salvadores del mundo, de apuntar con el índice y dar una
orden esto se hace, como si
estuviéramos en los circos romanos que el emperador romano tenía la verdad
absoluta.
El hombre
cerrado en su escepticismo, de caminar
como el cangrejo, vendado con su propia verdad, olvidando que hay otras formas
de vencer esta enfermedad. La ONU como representante de las naciones de todo el
mundo está preocupada más, por
convertirse en inmunes a todo lo que pasa en los países pobres,
mirándonos con su mirada entre
admiración y necesaria como unas
verdaderas cloacas.
Matar a un
inocente es un aplauso, una felicitación, pero matar en una guerra por el
poderío del más fuerte, se habla de civismo, patriotismo, derechos, etc. Un
fetichismo de la propia locura del poder por el poder del expansionismo
tecnológico que son los que han creado las
nuevas enfermedades.
Como el hombre
le tiene miedo a la verdad, de enfrentar su identidad, busca lo más fácil, un
culpable de un inocente, de un ser humano que se forma dentro del
vientre de su madre, en su silencio está diciendo mil verdades que no es escuchado, porque el hombre no le
gusta oír la verdad, siendo opacada por los ecos de las melodías
mercantilistas, monetarias.
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