lunes, 9 de marzo de 2026

 

LA PAZ O LA GUERRA.

 

Estamos viviendo la nueva noticia el ataque militar de Estados Unidos e Israel, contra Irán, el efecto negativo que trae al comercio de América Latina, incluido nuestro País. Un tiempo de espera de las familias, porque el Gobierno tomara medidas que afectaran a la clase popular, las características de la pobreza cognitiva, que a su vez crece la pobreza material, la incertidumbre del incremento de problema social (delincuencia, las vacunas a los negocios, etc.).  En definitiva, la podredumbre del razonamiento, del intelectualismo sin identidad.

 

Necesitamos conocer la otra cara de la moneda, las causas del porque se da una guerra, la escritura lo describe. En la epístola a Santiago 4: 1-3 “¿DE DÓNDE PROCEDEN LAS GUERRAS Y CONTIENDAS QUE HAY ENTRE VOSOTROS, SINO DE LOS DESEOS DE PLACER QUE LUCHAN EN VUESTROS MIEMBROS?” Una guerra externa, es el reflejo de la guerra interna del SER, de envidiar como persona de no tener más poder, involucra al País como la súper potencia, que el resto de países deben arrodillarse por ser el APOCALÍPTICO DE LA SALVACIÓN.  La lucha efervescente de la ley natural, de la creación de DIOS, frente a la ley de la razón, “YO SOY”, ponerse en primer lugar, que termina enfermándose de crear los monólogos, las preguntas y respuestas, de un razonamiento que esclaviza en los razonamientos y concupiscencias, la esterilidad de la vida, de dar amor.

 

Hay que tener la conciencia que una guerra divide a una economía externa, como la interna, la de nuestro país, que se da porque nos dejamos llevar de las pasiones y concupiscencias de nuestra propia vanidad, ser el que maneja el poder, “SER YO, YO SOY”. Un poder que lleva a la muerte de inocentes, a un pueblo que espera cambios, de tener un norte, que no muera la esperanza. Ya lo decía el Santo Juan Pablo II (+) “PROTEJAN LA VIDA CON AMOR, EN CADA ETAPA DE SU DESARROLLO: DESDE LA CONCEPCIÓN HASTA LA MUERTE NATURAL. HAGAN CRECER A LOS HIJOS EN LA SABIDURÍA Y EN LA GRACIA”

 

La guerra nace primero de las guerras de las familias, destruir la vida del inocente, donde la economía familiar se desmorona, para dar paso a una economía del tráfico, corrupción, hasta llegar al lavado de activos, las pirámides, una economía sin cimientos, sin la esperanza de emprender. La corrupción se extiende, permite que pueda nacer el mal, la cadena de un comercio sin el control para un desarrollo, en el ámbito, social, educación, e identidad de Hombre.

 

Cuando el mal se convierte ya en una impronta, el lenguaje de paz desaparece, siempre habrá un lenguaje de imponer, entre comillas, para que la prensa comunique que se dé la paz. Las ambivalencias del poder, los labios pronuncian paz, el corazón guerra, poder, festejo. El Papa Francisco (+) lo expresaba “POR LO TANTO, LAS CONSECUENCIAS DE LA GUERRA SON, POR UNA PARTE, EL NIÑO ENFERMO, HAMBRIENTO, EN UN CAMPO DE REFUGIADOS, Y, POR OTRA, LAS GRANDES FIESTAS Y LA BUENA VIDA QUE SE DAN LOS FABRICANTES DE ARMAS.”

 

Si verdaderamente las familias estuvieran arraigadas a la roca (DIOS), el grito del inocente, la conciencia, triunfaría, para no permitir, que la guerra de un País se extendiera y nosotros como un país pequeño sea el eco de buscar la paz. Pero se da lo contrario la división de lo “bueno y lo malo”, o lo “malo y lo bueno”. Nos quedamos con el comentario de la guerra externa, no podemos discernir la guerra interna, que esta pasando en nuestras familias, con nuestros hijos, una juventud, que no tiene norte, débil para emprender, reactivar la economía familiar.

 

El Hombre tiene una misión de llevar la paz, de escuchar el llamado de Dios, como sucedió con Abrahán (Génesis: 12,1). La pregunta es ¿qué escucho?: En la libertad, el libre albedrío que DIOS da al hombre, escuchará y defenderá a su núcleo, la familia, que debe ser una luz para ti, para el otro, caminar en sabiduría, de vencer al miedo de emprender, caminar dejando huella.

 

Pero el razonamiento de la ignorancia, define que una guerra es ganar, cuando la realidad es la derrota, la destrucción de la creación, la sumisión al poder, sometimiento de lo efímero, que siempre crearan las narrativas, que es por el bien y la libertad del Hombre.

 

Tú discernimiento y sabiduría, será la última palabra: Paz o guerra.

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