lunes, 3 de abril de 2023

 

Un domingo de Ramos

 

Hemos vivido un Domingo de Ramos, para unos la rutina de cada año, otros la tradición religiosa y para el resto un domingo más. Pero tiene que ver con la identidad del hombre, la formación como persona, para poder vivir y tomar decisiones, basadas en la sabiduría dentro del entorno familiar como externo.

 

Estamos hablando de la entrada de Jesucristo como Rey a tú vida, la alegría que hay una esperanza al dolor, al sufrimiento, de no poder hacer nada ante la muerte de tú propio ser, que no se puede visualizar la existencialidad de la vida frente a la creación de Dios.

 

Implica la percepción de que tiene los sentidos para hacer un camino dejando huella, mas no caminar por un sendero de lodo, que representa no poder salir de un fracaso, un sufrimiento, quedándose enfrascado en la razón de una inteligencia egoísta sin mirar a Dios.

 

Representa que la razón muere al intelectualismo relativo, al ateísmo social que se queda motivando su propia realidad de un silencio sin palabras y una oscuridad de su propio conocimiento. Esto comprueba que Jesucristo es el Hijo de Dios y llega para calmar las injusticias del hombre hacia el hombre con amor al prójimo.

 

Domingo de Ramos es la alegría, que ha llegado Jesucristo a sanar las heridas, la entrada sencilla, humilde y triunfante, para una sociedad llena de miedos, llena de leyes y moralismo, de juzgar a un inocente que tiene la verdad.

 

La verdad de hombre, que está en la búsqueda tácita, de suposiciones, contextualizaciones del momento. Se encierra en sí mimo y no puede ver ni sentir que la verdad es Jesucristo, el hijo de Dios que entra a tú vida para llenar el vacío del corazón con amor al prójimo. 

 

Amar al prójimo es ver en el otro a Dios, ver y sentir las enfermedades como la gracia de poder dar, de bajar la razón a los pies y ser el inicio de mover la palma de la victoria, reconocer a Jesucristo como el Rey, el verdadero rey, sin idolatrías, aceptando el nuevo faro, el arquitecto de un nuevo camino, el camino de la nueva evangelización, el poder vencer el miedo, a la verdad de evangelizar la libertad, el libre albedrío de profesar la FE, el milagro de un nuevo día.

 

El milagro de palpar la presencia de Dios, el hijo de Dios hecho carne en la razón e inteligencia. La libertad al egoísmo, soberbia, la levadura de matar al prójimo por unas monedas de lujuria al poder. Un domingo de Ramos, de extender la rama de la humildad, de sanar la herida de un poder sin poder, de extender la mano y vivir la dignidad de persona e hijo de Dios.

 

El Domingo de ramos, de recibir al Salvador como el verdadero Rey, el rey de reyes, listos para vivir la Pascua de resurrección, la luz de un nuevo día, la libertad de vencer a la muerte de tú ser, de pasar de una riqueza material a una pobreza de Espíritu.

 

 Sentir la sed de Cristo resucitado, de volver amar, de volver a descubrir el camino de la felicidad en medio del sufrimiento, de levantarse de las adversidades de la vida y dejar huella de Jesucristo, huella de amor al enemigo, huella para que brille el nuevo faro, el timón de cambio de dirección, de cambiar la hoja del nuevo libro, del libro de la vida, la palabra de vida.

 

Un domingo de ramos, para vivir con un nuevo oxígeno, un nuevo esplendor, el amor al prójimo. Simplemente dejar que entre Jesucristo a ser el rey de mi vida.

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