Un domingo de Ramos
Hemos vivido un Domingo de Ramos, para unos la rutina de cada
año, otros la tradición religiosa y para el resto un domingo más. Pero tiene
que ver con la identidad del hombre, la formación como persona, para poder
vivir y tomar decisiones, basadas en la sabiduría dentro del entorno familiar como
externo.
Estamos hablando de la entrada de Jesucristo como Rey a tú
vida, la alegría que hay una esperanza al dolor, al sufrimiento, de no poder
hacer nada ante la muerte de tú propio ser, que no se puede visualizar la existencialidad
de la vida frente a la creación de Dios.
Implica la percepción de que tiene los sentidos para hacer un
camino dejando huella, mas no caminar por un sendero de lodo, que representa no
poder salir de un fracaso, un sufrimiento, quedándose enfrascado en la razón de
una inteligencia egoísta sin mirar a Dios.
Representa que la razón muere al intelectualismo relativo, al
ateísmo social que se queda motivando su propia realidad de un silencio sin
palabras y una oscuridad de su propio conocimiento. Esto comprueba que
Jesucristo es el Hijo de Dios y llega para calmar las injusticias del hombre
hacia el hombre con amor al prójimo.
Domingo de Ramos es la alegría, que ha llegado Jesucristo a
sanar las heridas, la entrada sencilla, humilde y triunfante, para una sociedad
llena de miedos, llena de leyes y moralismo, de juzgar a un inocente que tiene
la verdad.
La verdad de hombre, que está en la búsqueda tácita, de
suposiciones, contextualizaciones del momento. Se encierra en sí mimo y no puede
ver ni sentir que la verdad es Jesucristo, el hijo de Dios que entra a tú vida
para llenar el vacío del corazón con amor al prójimo.
Amar al prójimo es ver en el otro a Dios, ver y sentir las
enfermedades como la gracia de poder dar, de bajar la razón a los pies y ser el
inicio de mover la palma de la victoria, reconocer a Jesucristo como el Rey, el
verdadero rey, sin idolatrías, aceptando el nuevo faro, el arquitecto de un
nuevo camino, el camino de la nueva evangelización, el poder vencer el miedo, a
la verdad de evangelizar la libertad, el libre albedrío de profesar la FE, el
milagro de un nuevo día.
El milagro de palpar la presencia de Dios, el hijo de Dios
hecho carne en la razón e inteligencia. La libertad al egoísmo, soberbia, la
levadura de matar al prójimo por unas monedas de lujuria al poder. Un domingo
de Ramos, de extender la rama de la humildad, de sanar la herida de un poder
sin poder, de extender la mano y vivir la dignidad de persona e hijo de Dios.
El Domingo de ramos, de recibir al Salvador como el verdadero
Rey, el rey de reyes, listos para vivir la Pascua de resurrección, la luz de un
nuevo día, la libertad de vencer a la muerte de tú ser, de pasar de una riqueza
material a una pobreza de Espíritu.
Sentir la sed de
Cristo resucitado, de volver amar, de volver a descubrir el camino de la
felicidad en medio del sufrimiento, de levantarse de las adversidades de la
vida y dejar huella de Jesucristo, huella de amor al enemigo, huella para que
brille el nuevo faro, el timón de cambio de dirección, de cambiar la hoja del
nuevo libro, del libro de la vida, la palabra de vida.
Un domingo de ramos, para vivir con un nuevo oxígeno, un nuevo
esplendor, el amor al prójimo. Simplemente dejar que entre Jesucristo a ser el
rey de mi vida.
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