lunes, 17 de abril de 2023

 

Papá puedo portar una arma y chaleco antibalas.

 

Pensamos que las soluciones a los problemas son con respuestas del momento, sin la debida planificación de los resultados que traerían consigo en corto y mediano plazo. Como dice un refrán popular “Es peor el remedio que la enfermedad”.

 

Este refrán se acopla desde el momento que el Señor Presidente autorizó a los civiles la tenencia y porte de armas, como defensa personal, para enfrentar a la delincuencia, narcotráfico y crimen organizado. Palabras textuales del gobierno, la rajada de las vestiduras, como la gran hazaña para desintegrar a la organización delictiva.

 

Palabra suelta, palabra ida, sin la concordancia de un bienestar familiar con la niñez, juventud y pueblo en general de tener la capacidad para discernir con sabiduría en un hecho delictivo de salvar su vida, de actuar en defensa personal, para luego enfrentar la ley.

 

Se presenta la audacia, la terquedad, frente a una decisión, de un pueblo que se encuentra viviendo un nerviosismo, que cualquier individuo que circule por una ciudadela, por un negocio, una institución educativa, es sospechosa de catalogar como un ladrón (palabra popular). Peor aún sí se moviliza en una motocicleta, es comprobar la hipótesis bajo la razón y dar una sentencia que es un delincuente, que está por actuar.   

 

 

Un decreto ejecutivo que lleva al enfrentamiento de la razón, la ira, soberbia, convertirse en juez, la sentencia de muerte. La medición de fuerzas ya con definiciones razonadas del bueno y el malo. Preparados con el nerviosismo de escuchar el pan, pan, pan, olor a pólvora, el trofeo o medalla de uno menos.

 

Un problema serio, con una transcendencia no entendible en el ámbito de la sabiduría, del espíritu de Dios. Se rompe el cordón umbilical entre Dios y familia, donde el hombre se convierte en cazarrecompensas de poder frente a la ley sin Dios, sin conciencia, de convertirse en un Ciudadano exitoso, el ejemplo a seguir.

 

Un decreto que desquebraja a la familia, la enseñanza de valores, honestidad, donde la intimidad e integridad se desvanece en las palabras que el Padre pronuncia sobre amor y fe. La penumbra de entrar al túnel de la ira, la impotencia de dar solución al caos social del hombre sin Dios, ser el propio Dios, la muerte óntica del ser, el hombre sin esperanza.

 

 La misma ceguera no cuantifica la consecuencia que trae consigo de tomar la justicia sin moral, sin la preparación psicológica que al frente se encuentra otra vida humana que no tiene norte, sin sueños, sin esperanza, sin conocer a Dios. La presencia de la muerte tapiñada, engañosa de presentar un abanico de soluciones, verdades de muerte, la manzana apetitosa que se convierte en el grito alarido de miedo y terror.

 

Circunstancias que la familia tiene que enfrentar la guerra sin causa, el poder de un territorio ganado por imponer miedo, al hombre sin el lenguaje de Dios, donde la palabra ha perdido el poder, pasar a la esclavitud de la razón, de buscar quien tiene la razón de portar el arma.

 

El yo en primera persona, que externamente es el hombre intachable, el mismo Dios de su propio ego que es un ladrón de corbata, cuello blanco, el permiso de la burguesía, el privilegio de hurtar como préstamo a los servicios de una cloaca burocracia frente al hombre que ha perdido su dignidad e identidad de persona, que te roba como un medio de subsistencia, profesión de la calle que vence el más fuerte y domina el territorio con el miedo de matar, el disparo que se convierte en Dios, el Dios del terror.

 

La esclavitud del hombre que toca escuchar la melodía, estoy defendiendo a mi familia. “Hijo no te olvides de llevar el chaleco antibalas, el arma ya rastrillada lista para disparar, como tiene el permiso respectivo”. Demuestre quien manda, quien tiene el poder.

 

Como padres tenemos una decisión de enseñar: Inteligencia de hombre o sabiduría de Dios. Nuestros hijos copiaran como patrón el accionar, hechos y lenguaje, lo que se vive en el hogar.

 

Tú decides para hacer frente al decreto del gobierno, de portar un arma como defensa personal.  

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