¿He empezado a vivir?
La vida del hombre empieza cuando Dios crea al Hombre y la
Mujer, Génesis 1: 26-27 “Y dijo Dios. Hagamos al ser humano a nuestra imagen,
como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los
cielos, y en las bestias y todas las alimañas terrestres, y en todas las
sierpes que serpean por la tierra. Creo, pues, Dios al ser humano a imagen
suya, a imagen de Dios lo creo, macho y hembra los creo”
Nos ha creado por amor, con una sabiduría, de discernir el
bien y el mal, discernir el aparente bien, discernir que el hombre es una
criatura, que necesita la luz de la sabiduría para hacer camino, caminar por el
desierto, de pasar el túnel del miedo, de la oscuridad, para vencer a la razón.
Por este mismo amor, hay una bendición al Hombre. Génesis 1:
28 “Y bendíjolos Dios y díjoles Dios. Sed fecundos y multiplicaos y henchid la
tierra y sometedla, mandar en los peces del mar y en las aves de los cielos y
en todo animal que serpea sobre la tierra”
Hay una libertad para unir la inteligencia y la sabiduría, formar
una familia y ser fecundos. En este periodo de tiempo que se produce el
divorcio, donde la razón se apropia del timón para ejercer sobre las decisiones
a tomar en el camino de la vida.
La inteligencia se une a la razón, mientras que la sabiduría
es desechada al vagón de la ignorancia, que volverá a relucir cuando el hombre
baje los brazos, crucifique a su razón, caminando por el desierto y tener la
experiencia de Dios. El milagro de una verdadera Pascua de resurrección, de
volver al origen, el hombre creado a imagen y semejanza de Dios.
Para volver al nuevo hombre hay una introducción de
inteligencia donde crea a Dioses o entra a corrientes filosóficas como el Significado
de Nihilismo que expresa que la existencia carece
de sentido o la expresión de Carlos Marx que la religión, es el opio del pueblo.
Definiciones que marcan dentro de la existencia de desarrollarse como seres
humanos, de fecundar lar tierra.
Este tramo de vida desde la formación de la familia, donde la
nueva vida nace con el principio de una inteligencia, los sentidos serán los
predominantes, sumido a la razón, el principio de sobrevivir, de marcar el
poder, soy el que soy, el Dios de la inteligencia.
El experimentar el apagón de la luz, de manejar el timón, de
acuerdo a la conveniencia de esclavizar al hombre en su propia inteligencia,
ser conquistado de su propia conquista, de sus propias definiciones y
conceptos. Definen ya su hábitat familiar en cualquier modelo económico sea
capitalista o socialista, sometido a estructuras del poder del momento a los
programas de gobierno, en promocionar quien hace más, cobijados con la cortina
social, “yo cumplo”, pero divido al hombre con las ideologías políticas.
No hay discusión, hay la razón, tal partido político es
corrupto o persona afín a un liderazgo es abofeteado, prevaleciendo una verdad
efímera sin valor, una verdad sin poder, desechando la bendición de Dios que
hizo al hombre.
Esta misma prepotencia
de poder, hace perder lo que fue una bendición, se convierte como una maldición
con respectos a los sentidos del Hombre.
Por ejemplo, la esencia corporal, el contacto de presionar la mano al prójimo, de
perder la textura del abrazo, de un te quiero. Perdemos la esencia de escuchar
el eco del dolor. No podemos mirar la realidad de la tristeza, la soledad y el
abandono de su inteligencia. Perdiendo
el olor de Cristo, de la misericordia. Para perder el gusto de la vida, los
sabores de una caída como experiencia.
Al final el hombre llega a la soledad, sin importar la edad,
de enfrentarse a cara a cara. Un miedo determinante, pero hay una ranura de
luz, la esperanza de volver a retomar la sabiduría, de beber el agua viva.
Sí verdaderamente quieres beber el agua viva, es entregarle
nuestra vida, nuestra historia a Dios, morir a la razón y expresar. ¿He
empezado a vivir?
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