miércoles, 15 de marzo de 2023

 

¿He empezado a vivir?

 

La vida del hombre empieza cuando Dios crea al Hombre y la Mujer, Génesis 1: 26-27 “Y dijo Dios. Hagamos al ser humano a nuestra imagen, como semejanza nuestra, y manden en los peces del mar y en las aves de los cielos, y en las bestias y todas las alimañas terrestres, y en todas las sierpes que serpean por la tierra. Creo, pues, Dios al ser humano a imagen suya, a imagen de Dios lo creo, macho y hembra los creo”

 

Nos ha creado por amor, con una sabiduría, de discernir el bien y el mal, discernir el aparente bien, discernir que el hombre es una criatura, que necesita la luz de la sabiduría para hacer camino, caminar por el desierto, de pasar el túnel del miedo, de la oscuridad, para vencer a la razón.

 

Por este mismo amor, hay una bendición al Hombre. Génesis 1: 28 “Y bendíjolos Dios y díjoles Dios. Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla, mandar en los peces del mar y en las aves de los cielos y en todo animal que serpea sobre la tierra”

 

Hay una libertad para unir la inteligencia y la sabiduría, formar una familia y ser fecundos. En este periodo de tiempo que se produce el divorcio, donde la razón se apropia del timón para ejercer sobre las decisiones a tomar en el camino de la vida.

 

La inteligencia se une a la razón, mientras que la sabiduría es desechada al vagón de la ignorancia, que volverá a relucir cuando el hombre baje los brazos, crucifique a su razón, caminando por el desierto y tener la experiencia de Dios. El milagro de una verdadera Pascua de resurrección, de volver al origen, el hombre creado a imagen y semejanza de Dios.

 

Para volver al nuevo hombre hay una introducción de inteligencia donde crea a Dioses o entra a corrientes filosóficas como el Significado de Nihilismo que expresa que la existencia         carece de sentido o la expresión de Carlos Marx que la religión, es el opio del pueblo. Definiciones que marcan dentro de la existencia de desarrollarse como seres humanos, de fecundar lar tierra.

 

Este tramo de vida desde la formación de la familia, donde la nueva vida nace con el principio de una inteligencia, los sentidos serán los predominantes, sumido a la razón, el principio de sobrevivir, de marcar el poder, soy el que soy, el Dios de la inteligencia.

 

El experimentar el apagón de la luz, de manejar el timón, de acuerdo a la conveniencia de esclavizar al hombre en su propia inteligencia, ser conquistado de su propia conquista, de sus propias definiciones y conceptos. Definen ya su hábitat familiar en cualquier modelo económico sea capitalista o socialista, sometido a estructuras del poder del momento a los programas de gobierno, en promocionar quien hace más, cobijados con la cortina social, “yo cumplo”, pero divido al hombre con las ideologías políticas.

 

No hay discusión, hay la razón, tal partido político es corrupto o persona afín a un liderazgo es abofeteado, prevaleciendo una verdad efímera sin valor, una verdad sin poder, desechando la bendición de Dios que hizo al hombre.

 

 Esta misma prepotencia de poder, hace perder lo que fue una bendición, se convierte como una maldición con respectos a los sentidos del Hombre.

 

Por ejemplo, la esencia corporal, el contacto        de presionar la mano al prójimo, de perder la textura del abrazo, de un te quiero. Perdemos la esencia de escuchar el eco del dolor. No podemos mirar la realidad de la tristeza, la soledad y el abandono de su inteligencia.  Perdiendo el olor de Cristo, de la misericordia. Para perder el gusto de la vida, los sabores de una caída como experiencia.

 

Al final el hombre llega a la soledad, sin importar la edad, de enfrentarse a cara a cara. Un miedo determinante, pero hay una ranura de luz, la esperanza de volver a retomar la sabiduría, de beber el agua viva.

 

Sí verdaderamente quieres beber el agua viva, es entregarle nuestra vida, nuestra historia a Dios, morir a la razón y expresar. ¿He empezado a vivir?

 

 

 

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