Mis veinte y cinco años de matrimonio
La felicidad se la vive, construyendo camino, tomando
decisiones, muriendo a la razón para que el otro pueda vivir. Todo este
complemento se da en la estructura firme que es la Familia, unido como una
verdadera piña, protegiendo al más débil, para que se alimente con el poder de
la palabra, sea fuerte en el venir del tiempo, nuevas primaveras e inviernos,
que le tocara levantarse de mil caídas, el aprendizaje de la vida, volver hacer
familia, con la misma sabiduría de nuestros padres.
El construir Familia, tiene un origen, palabras de vida
eterna que están escritas en el libro de la vida: Génesis 2:24 “Por eso deja
el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola
carne.” La primera decisión a tomar, el primer paso a lo desconocido, con
una palabra de FE y con la esperanza que habrá retos, obstáculos por pasar, por
defender la vida.
La promesa de amarse:
en la enfermedad y salud, en la pobreza y riqueza. El respeto de los
roles, de las fortalezas que Dios regala a cada uno, para dejar las
seguridades, empezar un camino que Dios guiara. Génesis 12:1 “Yahvé dijo Abrahán.
Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te
mostraré.”
Es en el matrimonio que se visualiza el amor de Dios, la
esencia de la vida, de morir todos los días a la intelectualidad, a los
razonamientos lógicos, a la verdad relativa. Para enfrentar las adversidades,
las tormentas, las tempestades, en una sola palabra, la comunión, para pasar a
la otra orilla. Marcos 4: 37 – 39 “En esto, se levantó una fuerte borrasca y
las olas irrumpían en la barca, de suerte que estaba a punto de anegarse. Él se
encontraba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Lo despertaron y le dijeron:
Maestro ¿no te importa que perezcamos? El, habiéndose despertado increpo al
viento y dijo al mar ¡calla enmudece ¡El viento se calmó y sobre vino una gran
bonanza!”
El matrimonio es una bonanza de familia, bienes materiales y
espirituales, de construir sobre la roca, de dar vida, el faro para la
juventud, que tiene el miedo de dejar las seguridades. Pero mirar al matrimonio
cristiano, la juventud toma la decisión de hacer camino, pasar a la otra
orilla. Para ser libres y gritar a Dios, regálame el Espíritu de sabiduría,
como hijos de Dios. Romanos 8:15 “Y
vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor,
antes bien, habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace
exclamar: ¡Abbá, Padre ¡.
El matrimonio es una vocación, un sacramento que termina con
la muerte de unos de los dos, mientras tanto es un mandato de Dios, que
bendecirá en el nuevo camino, si lo pides y estas dispuestos amar, en la
docilidad de la palabra. ¿Qué el amor no es un condicionante, es dar sin
esperar recompensa?, simplemente vida.
Razón por la cual la renovación de los votos matrimoniales,
es de todos los días, expresar al oído la palabra “te amo”, eres mi complemento
para seguir caminado, seguir guiando a nuestros hijos desde el momento de la
concepción, el nacimiento, adolescencia, adultez, ancianidad y la muerte.
He sido testigo de la
renovación matrimonial de veinte y cinco años de Wilson & Mirtha, amigos
especiales durante mi caminar. Testigo de la fidelidad de Dios, de calmar las
tempestades, para regarles la gracia de ser luz para sus hijos, para el
prójimo, que es posible llegar a los veinte y cinco años y más. Vivir en la
gracia de Dios.
La vida es vida cuando en el peregrinar del tiempo, aprendes
amar, mostrar la otra mejilla como los hizo Jesucristo.
Pero al final es tu decisión de renovar los votos
matrimoniales, por amor.
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