martes, 21 de febrero de 2023

 

Mis veinte y cinco años de matrimonio

 

La felicidad se la vive, construyendo camino, tomando decisiones, muriendo a la razón para que el otro pueda vivir. Todo este complemento se da en la estructura firme que es la Familia, unido como una verdadera piña, protegiendo al más débil, para que se alimente con el poder de la palabra, sea fuerte en el venir del tiempo, nuevas primaveras e inviernos, que le tocara levantarse de mil caídas, el aprendizaje de la vida, volver hacer familia, con la misma sabiduría de nuestros padres. 

 

El construir Familia, tiene un origen, palabras de vida eterna que están escritas en el libro de la vida: Génesis 2:24 “Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne.” La primera decisión a tomar, el primer paso a lo desconocido, con una palabra de FE y con la esperanza que habrá retos, obstáculos por pasar, por defender la vida.

 

La promesa de amarse:  en la enfermedad y salud, en la pobreza y riqueza. El respeto de los roles, de las fortalezas que Dios regala a cada uno, para dejar las seguridades, empezar un camino que Dios guiara. Génesis 12:1 “Yahvé dijo Abrahán. Vete de tu tierra, de tu patria y de la casa de tu padre a la tierra que yo te mostraré.”

 

Es en el matrimonio que se visualiza el amor de Dios, la esencia de la vida, de morir todos los días a la intelectualidad, a los razonamientos lógicos, a la verdad relativa. Para enfrentar las adversidades, las tormentas, las tempestades, en una sola palabra, la comunión, para pasar a la otra orilla. Marcos 4: 37 – 39 “En esto, se levantó una fuerte borrasca y las olas irrumpían en la barca, de suerte que estaba a punto de anegarse. Él se encontraba en popa, durmiendo sobre un cabezal. Lo despertaron y le dijeron: Maestro ¿no te importa que perezcamos? El, habiéndose despertado increpo al viento y dijo al mar ¡calla enmudece ¡El viento se calmó y sobre vino una gran bonanza!

 

El matrimonio es una bonanza de familia, bienes materiales y espirituales, de construir sobre la roca, de dar vida, el faro para la juventud, que tiene el miedo de dejar las seguridades. Pero mirar al matrimonio cristiano, la juventud toma la decisión de hacer camino, pasar a la otra orilla. Para ser libres y gritar a Dios, regálame el Espíritu de sabiduría, como hijos de Dios.  Romanos 8:15 “Y vosotros no habéis recibido un espíritu de esclavos para recaer en el temor, antes bien, habéis recibido un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar: ¡Abbá, Padre ¡.

 

El matrimonio es una vocación, un sacramento que termina con la muerte de unos de los dos, mientras tanto es un mandato de Dios, que bendecirá en el nuevo camino, si lo pides y estas dispuestos amar, en la docilidad de la palabra. ¿Qué el amor no es un condicionante, es dar sin esperar recompensa?, simplemente vida.

 

Razón por la cual la renovación de los votos matrimoniales, es de todos los días, expresar al oído la palabra “te amo”, eres mi complemento para seguir caminado, seguir guiando a nuestros hijos desde el momento de la concepción, el nacimiento, adolescencia, adultez, ancianidad y la muerte.

 

 He sido testigo de la renovación matrimonial de veinte y cinco años de Wilson & Mirtha, amigos especiales durante mi caminar. Testigo de la fidelidad de Dios, de calmar las tempestades, para regarles la gracia de ser luz para sus hijos, para el prójimo, que es posible llegar a los veinte y cinco años y más. Vivir en la gracia de Dios.

 

La vida es vida cuando en el peregrinar del tiempo, aprendes amar, mostrar la otra mejilla como los hizo Jesucristo.


Pero al final es tu decisión de renovar los votos matrimoniales, por amor.  

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