martes, 18 de octubre de 2022

 

LA TRISTEZA QUE PERMITES QUE LLEGUE A TÚ CASA

 

La realidad del hombre es vivir en una insatisfacción, de no encontrar el sabor a la vida. El vacío que deja el poder de un consumismo que cala en la estructura emocional, de entrar a experimentar la gula existencial, de vivir solamente por las acciones.

 

Esto permite que la tristeza visite la casa, se quede indefinidamente si lo permites. Pero antes trabaja lentamente susurrando al oído, que tú historia está mal. Una injusticia que Dios se equivocó al darte vida, nacer en una familia concreta, con una imagen no aceptada por el mundo, en función directa a la actitud.

 

Permitiendo un pesimismo que abre la puerta, donde la clase política, económica, buscan conceptos filosóficos, de ver al hombre como algo abstracto, un simple consumidor de una moda impuesta, lejos de una identidad y cultura. 

 

Problemas que nacen porque el hombre lo permite. Una oportunidad de falsos profetas que ofrecen cambiar tú muerte existencial, la mala suerte.

Lo hacen por un voto popular, la democracia, que enmarca una constitución de velar por el pueblo. Utilizan el eslogan o grito de guerra de grabar en la mente la frase popular. Por ejemplo: “Pan, techo y empleo”; “Ahora le toca al pueblo”; “La voz de la experiencia”; “La fuerza de los pobres”; “Sé lo que hay que hacer y cómo hacerlo", “Ya tenemos presidente”; “El Ecuador del encuentro”; etc. La mentira piadosa, de jugar con la esperanza de un pueblo, que vive en la ignorancia de un modelo sin educación.

 

Un segundo engaño de ofrecerte una doctrina, una religión: “Pare de sufrir”. El mercantilismo de la idolatría, un beneficio costo. De nuevo gana la ignorancia de un pueblo sin evangelización, esperando milagros sin conversión.

 

El último engaño, la comunicación, que se la define el compartir sentimientos, de saber escuchar y saber pronunciar una palabra. La mala utilización del verbo comunicar, conduce al hombre a la sumisión del poder, la esclavitud de sus propios conceptos, la avaricia de ser, el menosprecio del prójimo. Otra vez la ignorancia del hombre en destruir la familia por perder la sabiduría y el discernimiento. La ausencia de Dios.

 

Todo esto permite que el hombre viva en una tristeza, envuelta en la mentira de la realidad de hoy. Expresar la vanidad de vanidades, desde el balcón de las ilusiones, la poesía sin el romanticismo de amar, de no vivir como prójimo e hijo de Dios.

 

Una tristeza que lleva al hombre a vivir una distancia entre dar y recibir, entre reír y llorar, entre ira y angustia. La distancia que marca la diferencia social de saber soñar.

 

Una verdad, una realidad, que el hombre busca siempre un culpable. El otro me deja en la tristeza, el causante de no encontrar la felicidad que se encuentra golpeando la puerta. Es cuestión de aptitud, de gritar a Dios, sálvame.

 

Vencer está tristeza, es mirar con los ojos del alma para reconocer el Ángel enviado por Dios. Desechar los espejismos, la palabra mala suerte, palpar, reconocer a Dios, que está allí, en el dolor más profundo, en el propio infierno. Es cuestión de preguntarse ¿Para qué? Marcando una distancia entre Tristeza y sufrimiento.

 

 La tristeza envuelve la soberbia de una verdad efímera. ¿Por qué a mí? ¿Qué hice? El porqué de la vida. El sufrimiento es la etapa de la purificación, la respuesta a la vida, el principio de un nuevo amanecer, un nuevo horizonte, un nuevo sueño.  

 

Hay que saber buscar la gracia de Dios, caso contrario es volver a vivir la tristeza, de nuevo el porqué. Cuando la verdad es saber vivir el presente, ganar una guerra todos los días, ganar el yo interior, el razonamiento ilógico.

 

Poner punto final a la tristeza, estrechando la distancia, crear el puente, pasar a la otra orilla, con la fortaleza de un nuevo hombre, la sabiduría para vencer ya una batalla.

 

La tristeza es vivir en tú verdad. El sufrimiento es vivir la verdad de Dios.

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