La razón no tiene la razón
Cuando nace el hombre, en su razón hay un esquema de vida, un
camino establecido. La línea recta de nacer y morir, sin el sufrimiento que te
hace fuerte para hacer un camino de verdad.
Conceptos herrados por el miedo de enfrentar a la vida, el
miedo de vivir el presente y se crean metamorfosis del pasado y del futuro. El
engaño de la razón, que se pueden cambiar los sucesos y modificar lo no
sucedido.
Una realidad que vive el hombre con su razonamiento sin la
experiencia ni el conocimiento científico, más por un impulso de hacer por si
se dan las cosas. La lógica de aceptar que se aprende de los errores, lo
tropiezos, de las mil caídas y levantadas. Dejando huella, curtiéndose cada
paso y palabra, el poder del optimismo, la oportunidad.
Es el problema de no mirar con los ojos del alma, las
oportunidades que tiene la vida. De permitir que la razón entre en el juego de
preguntarse y responderse el, ¿Por qué?. El veneno de la tristeza, del fracaso,
de quedarse en el propio terreno, el paso de la desidia, mirarse al ombligo,
esclavo de sus propios pensamientos.
Una esclavitud con las pinceladas de un éxito fugaz, dejando
un sufrimiento racional que engaña a la propia razón, que el fracaso es por la
culpa de tener un limitante, escases. La mentira piadosa para vivir en la
burbuja de la culpa, el resentimiento social de ser lo que no es.
Una locura del hombre, de pensar, pensar, al final llega el
ocaso, la vejes, enfermedad y muerte. Tres escrutinios que el hombre no se
libra. Enfrentarse cara a cara, volviendo a ser engañado de su propia razón. ¿Qué
te dice? Que no hay vejes, puedo volver a vivir, lo que no viví en mis veinte
años.
El optimismo sin la fuerza de la juventud, sin la sabiduría
de la experiencia, no permite saborear el encanto del aroma a familia. Te lleva
a sumergirse en la soledad de la razón, que no eres nadie, el estorbo de la
familia.
Qué hacer frente a estos razonamientos vacíos, que enferma el
alma. Hay una respuesta, bajar los brazos, topar el suelo, saborearlo y
reconocer, que existe una esperanza, la buena noticia. Dios te ama, es padre.
La trilogía del escrutinio es bella, tiene los frutos de la
purificación, de ganarle a la razón y poder vivir una parte del cielo, el
preámbulo lo que es ser Hijo de Dios. Tener el espíritu de juventud para ser el
faro de las generaciones.
Ser joven y pobre de Espíritu es abrir la puerta de la paz,
la mente visionaria, la mano que estrecha confianza, el camino de la sabiduría.
Es conocer la realidad, palpar el dolor del hermano. Hacer camino en lo
pedregoso, lo que la razón no puede hacer.
Se puede vencer a la razón, con el camino de la sencillez, el
amor que rompe paradigmas, la sencillez de un corazón contrito, el
arrepentimiento, el nuevo camino de conversión.
El éxito es la simplicidad, saber escuchar, disfrutar de los
aciertos y errores, vivir, vivir el hoy, sin cambios, simplemente vivir en paz.
Tú razón muere y resucita tú Espíritu. La razón no tiene
razón
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