HABLANDO DE
LA VERAD
Hablar de la verdad, es hablar de un hecho, acontecimiento,
creando un sinónimo, fuera de la realidad del hombre, de aceptar como tal, el
acontecimiento, sin el fundamento real de una vivencia, de un dolor.
Hablar de la verdad se ha convertido en algo trivial, el común
denominador del vocablo como una regla que se debe cumplir. Se ha perdido el
valor real, el poder que tiene el pronunciar la verdad.
Se presenta el juego
de palabras para dejar en el anonimato a la verdad. Se dice que el hombre creo
a Dios, cuando la verdad es “Dios crea al hombre”
Palabras van, palabras vienen, el monologo de no pensar, un
monologo de acusación, de entrar en la muerte óntica del ser. Una verdad que
prevalece para no despertar y seguir caminando con un vértigo de la sumisión de
una falsa verdad.
La sumisión del hombre, sin norte, sin la capacidad de
enfrentar a la mentira, de vivir sin la dignidad de hombre. Consecuencia de
vivir por vivir, sin luchar por un sueño, de aceptar conceptos sin
discernimiento.
Pero hay una verdad. Dios existe. Existe el Amor, una buena
noticia, la verdad en el anonimato, la que libera de los sufrimientos
existenciales, de la realidad de hoy, de no saber amar.
Para entrar esta verdad, en el amor. Hay que saber escuchar,
mirar con los ojos del alma, de gritar, gritar para romper la membrana de la
irracionalidad, volver a caminar.
La verdad es eso, de guerrear contra la razón, de los
espejismos de sus propios conceptos que lo atan para expresar: El pobrecito, la
mala suerte.
La verdad está golpeando la puerta. ¿Qué oyes, qué escuchas?
Una decisión a tomar, una verdad en aceptar. Un nuevo camino por recorrer.
Levantarse y extender la mano a Dios.
El libre albedrio, el discernimiento, la verdad.
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