Se presenta un descontento social
por el manejo de la economía del gobierno central. Palabras vienen y palabras
van, con el soporte de tener la razón. Esta discusión se está haciendo repetitiva
como una letanía, que escucha el político y lo canta en el discurso, de
ofrecimientos, soluciones al problema causado por las medidas neoliberales. Si
saben o no saben el concepto de medidas neoliberales, pero tiene una armonía al
oído del pueblo y disparan todos los adjetivos. Un populismo de atraer, captar un voto, el
derecho del pueblo. El pueblo vive de las apariencias y no vamos a la
profundidad del estancamiento, el no desarrollo armónico entre las necesidades
y la producción.
La producción es labrar la tierra,
crear empresa, comercializar el producto, cubrir una necesidad. Quién hace
empresa? El político? Lo hace quien mira y palpa la necesidad, se une capital y trabajo. Tan fácil, pero el
hombre se venda los ojos con el lienzo de la pobreza, para ser candidato, en la
tarima culpar al otro del fracaso económico.
Nace la inteligencia política, la
inteligencia individualista de generar un egocentrismo, destruyendo al más débil, al agricultor, campesino. Esta inteligencia
va carcomiendo el conocimiento con la tecnología, de acentuar la necesidad, del pan, techo, empleo, como el castigo divino.
Esta debilidad es oportunidad
para el empresario para formar un monopolio, el dueño del mercado, donde el político
crea leyes para cubrir necesidades empresariales, debatidas al frente del pueblo,
rasgándose las vestiduras de un ángel, mientras tras vestidores ya se hizo el
sello de la inteligencia política.
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