jueves, 3 de agosto de 2017

El abrazo de la deslealtad



Da mucha pena el nivel de la política del siglo XXI, igual que los años ochenta y noventa. Estamos con nuevos actores de pelear el poder como si fuera el gran circo romano. De extender el dedo en señal de dictar el fin de la década verde, porque ha madurado y tiene que caer por el propio peso. Fueron intocables de una verdad absoluta.

Ante esto ha el gran perdedor es el pueblo, que se eligió libremente, en una democracia, de dar el poder para que gobiernen en beneficio de todo el país.  Pero ha podido más ego del poder de quien es el MEJOR.

Se tejieron redes sin el criterio del pueblo, de crear esperanzas, de construir conceptos de tecnología  de  punta sin la inteligencia de la cuna familiar, de abrir vías de comunicación cuando la energía no renovable se esfuma al poder babilónico, para ser esclavos de la tecnología mediática que destruye toda la capacidad de la identidad del hombre.

Han salido adjetivos de una competencia, cual miente o dice la verdad, pero pasamos de nuevo a vivir la miseria de la sabiduría, como siempre el pueblo el que sufre las consecuencias. Que necesitamos creatividad para ser productivos, y superar la pelea de amigos que nunca fueron, que nos dejan como herencia que no se debe confiar ni en la propia sobra. 

Como dijo un gran escritor. El hombre conquistador termina conquistado de su conquista.      

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