domingo, 27 de marzo de 2016

DOMINGO DE RESURRECCION



Hoy domingo hemos vivido la Pascua de Resurrección, la fiesta de las fiestas para el Cristiano- Católico, donde se vive la resurrección de Jesucristo en nuestras vidas. Es la muerte del hombre viejo para un nuevo hombre, en Espíritu. La liberación de   las cadenas de los siete pecados capitales (lujuria, gula, avaricia, pereza, ira, envidia y soberbia); que el hombre se convierte en un esclavo sin poder mirar el horizonte, sin discernimiento, buscando un culpable de todos los sufrimientos.

Esta es la Pascua de la Resurrección,  que el hombre verdaderamente pueda reconocer que se encuentra atado y no logra detener el éxito de llegar  a la cima no en lo material, si no en la esencia de la verdad como el eje para caminar mirando de frente.

El mirar de frente es saber dejar el Espíritu de  Dios pueda vivir dentro de nuestro cuerpo como el verdadero templo,  para ser seguidor de la palabra de vida. Es la verdad que el hombre tiene miedo a enfrentarse y destruye su vida,   la esencia misma de su vida que es la familia.

Esta liberación la puede hacer Dios pero en libertad. El hombre decide,  Dios entra y  guía por la senda del amor, del amor al prójimo como verdad absoluta para poder amar a mí mismo y dar amor, poder pasar al otro lado. Al otro lado esta  familia (Papá, Mamá e hijos), el rol de padre, esposo e hijo.    

El no aceptar a Dios en la vida el hombre se convierte en Dios, desplazando la verdad para hacer la voluntad del hombre,  que luego  termina alienado a las cosas del mundo que a la pupila del ojo está bien, de no hacer daño a nadie, pero lentamente como la gota de agua que golpea la roca, que al tiempo termina fisurando, dividiendo en dos.

La razón dice que es bueno empezar de nuevo pero no de la misma realidad. Sí  un matrimonio se termina el deseo y el a amor,  es lógico querer renacer con un nueva mujer, destruyo la verdad de una familia, dando cabida del deseo de la fantasía de Ser, matando la esencia de la verdad,  de la mujer e hijos. 

Estos son los siete pecados capitales, la demagogia de la lujuria del hombre como deseo, necesidad, para vivir la gula de los años frente a la juventud perdida según la razón, con la pereza que los años están encima, atacado por la ira que hay injusticias, la impotencia de no poder cambiar; envidiando que la mala suerte ha llagado, para convertirse en el hombre intocable como el pavo real, en la  máxima expresión de ser Dios.
Este es el problema del hombre, donde la tecnología ha invadido, el seno de la vida, para vivir la competencia de ganarle al tiempo, y en cada competencia el hombre pierde, cuyos resultados es la no comunicación,  el de vivir para satisfacer una necesidad, el YO. No es malo la tecnología, la ciencia, lo malo está es ser esclavo y dejar que la familia se destruya. 

Es la lucha constante de la verdad frente al marketing agresivo de consumo. Un consumismo que destruye al calor de familia, el decir te amo por chat, Facebook a poderlo decir mediante la palabra. 

Jesucristo ha tenido que absorbe todo esto, morir  para hacernos libres y discernir con su Espíritu de resurrección. Ser libres, un hombre nuevo con la capacidad de amar de poder pasar al otro lado. Que  la familia esta primero apoyado en Dios el creador del cielo y  del universo

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